Parecía el trailer de una nueva serie médica de bajo presupuesto. Bernardo Biella, con su mejor sonrisa de consultorio, no estaba revisando un historial clínico. Estaba intentando salvar su campaña a diputado en la lista apoyada por Gustavo Sáenz. Su método elegido, una clase pública de Reanimación Cardiopulmonar.
Su paciente, un maniquí de goma que mostraba más signos de vida que las expectativas electorales del oficialismo. Su ayudante de cirugía mayor, nada menos que el Gobernador, intentando recordar si las compresiones van al ritmo de “Stayin’ Alive” o de “Another One Bites the Dust”.
La escena fue tan surrealista que hasta el muñeco parecía incómodo. Mientras Biella, con una seriedad digna de una final mundial, explicaba la técnica, Sáenz aplicaba compresiones torácicas con la cara de concentración de quien intenta recordar la clave de ANSES. Juntos, en un esfuerzo mancomunado, le bombearon el pecho a un pedazo de plástico. Una metáfora tan perfecta de la política salteña que casi duele en el alma. No estaban intentando revivir a un ciudadano, estaban intentando reanimar una campaña que el domingo entró en paro cardíaco fulminante.
Una candidatura que fue el plan B
Todo esto, por supuesto, fue el plan B. El plan A era que Oriana Névora, la segunda en la lista, hiciera el trabajo pesado de atraer votos. Pero el terremoto electoral de Buenos Aires enterró el plan A tan hondo que ni con RCP lo sacan. Frente al nuevo escenario nacional de polarización extrema, donde todos eligen bandos con nombre de equipo de fútbol, a Biella no le quedó otra que sacar su lado médico. Y cuando un médico se siente acorralado, hace lo que sabe hacer. Busca un muñeco y un gobernador, y monta el espectáculo.
El guión era simple. Demostrar liderazgo, calma bajo presión y skills para salvar vidas. Lo que demostró fue que la desesperación política puede llevar a los mejores a hacer cosas muy, pero muy curiosas. Uno se imagina la reunión de campaña. “¿Y si hacemos una clase de RCP?”. Silencio incómodo. “¡Brillante!”. Ahora el muñeco es el militante más comprometido de la lista, no se queja y siempre tiene el mismo gesto de esperanza.
Las redes no perdonaron a Biella
Las redes, como era de esperar, hicieron el resto. Memes por doqueier comparaban al maniquí con votantes desencantados. Otros sugerían que el próximo acto sería una endoscopia a las urnas. El único que no se rió fue el muñeco, que mantuvo su sonrisa de plástico inmutable, soportando el show. Es el candidato ideal, nunca contradice al gobernador.
El mensaje subliminal era claro. “Nosotros podemos revivir lo que esté muerto”. Aunque sea literalmente un torso de goma. La pregunta que flota en el aire es ¿funcionará? ¿Los salteños preferirán al equipo que practica RCP sobre un simulador, o al que no necesita reanimación artificial? Por lo pronto, el muñeco ya tiene más portadas que algunos candidatos. Y probablemente, mejor ritmo cardíaco.