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La Rural salteña negó casos de aftosa ante versiones del Gobierno estadounidense

«Hace 20 años no hay un solo foco de aftosa en Argentina”, dijo Alfredo Figueroa.

Rural salteña

SALTA – La ganadería argentina volvió al centro de la escena mundial luego de que una funcionaria del gobierno de Estados Unidos asegurara que “Argentina enfrenta un problema de aftosa”, en medio de las negociaciones para ampliar el ingreso de carne nacional al mercado norteamericano. Desde Salta, la Sociedad Rural Salteña (SRS) desmintió de forma categórica esas afirmaciones, calificándolas de “infundadas” y reclamando “prudencia” para que intereses políticos o comerciales no perjudiquen la reputación sanitaria del país.

El presidente de la SRS, Alfredo Figueroa, fue contundente: “Argentina lleva dos décadas sin un solo caso de aftosa. Tenemos un sistema sanitario modelo en América Latina, con planes de vacunación y control permanente. No hay ningún motivo técnico para hablar de riesgo sanitario”, señaló en diálogo con medios provinciales. Figueroa recordó que la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) reconoce a la Argentina dos estatus sanitarios: libre de aftosa sin vacunación al sur del río Colorado, y libre de aftosa con vacunación al norte del mismo. En plena campaña de inmunización, el dirigente explicó que se trata de una práctica rutinaria que “garantiza la sanidad del rodeo y la trazabilidad de cada cabeza”.

Malestar entre los ganaderos estadounidenses

La controversia surgió luego de que el presidente estadounidense Donald Trump anunciara su intención de incrementar las importaciones de carne argentina para frenar los precios internos y “apoyar al gobierno de Javier Milei, un aliado estratégico”.

Las palabras del mandatario encendieron la alarma entre los ganaderos norteamericanos, cuyo titular, Colin Woodall (NCBA), calificó la medida como “un riesgo para la producción local”, acusando a la Argentina de tener “antecedentes de fiebre aftosa” que podrían “poner en peligro la seguridad alimentaria” de Estados Unidos. Posteriormente, la secretaria de Agricultura Brooke Rollins buscó suavizar el impacto y aseguró que las importaciones “serán limitadas y bajo estrictos controles sanitarios”, pero sus declaraciones reavivaron la polémica.

Desde el norte argentino, la reacción fue firme pero mesurada. “Es una discusión política interna de Estados Unidos. Los productores argentinos hemos demostrado que trabajamos con seriedad, con controles sanitarios que superan los estándares internacionales”, afirmó Figueroa. El dirigente destacó que Argentina exporta carne a más de 60 países, entre ellos China, la Unión Europea, Israel y Chile, todos con altísimas exigencias sanitarias. “Si esos mercados confían en nuestra carne, es absurdo pensar que exista un problema sanitario. Lo que está en juego son intereses comerciales, no cuestiones técnicas”, agregó.