SALTA – (Por Diego Nofal) Lo advertimos antes de los comicios y lo repetimos incansablemente el día de ayer. La actuación de Emiliano Durand durante la campaña dejó muchísimo que desear. Pero con los números de Bernardo Biella y Flavia Royón en la mano, la situación se aclara. Lejos de existir un desinterés electoral por parte del intendente, hubo una traición abierta y sin miramientos contra Gustavo Sáenz. Los resultados no mienten y pintan un panorama muy elocuente.
El jefe comunal inició la campaña lejos de los candidatos y del ruido electoral. Tan lejos estaba que, literalmente, se encontraba a un océano de distancia. Realizó dos viajes a Europa junto a su jefe de gabinete y amigo personal. Su objetivo parecía ser mantenerse lo más alejado posible de los comicios de medio término. Actuó como si ya supiera que estos marcarían el fin de una era para su influencia política. Su ausencia fue más que significativa.
Ya en las elecciones de mayo se notó su falta de peso electoral propio. Aunque maneja varios medios de comunicación y la jugosa pauta municipal, su imagen se mantiene en la sombra. La intención de voto para él o sus candidatos es notablemente baja. Por más que se esfuerce y haya creado un ejército de trolls que lo defienden en redes, la realidad es contundente. La gente no lo quiere o, al menos, no lo vota con convicción.
Existía un motivo claro para que Durand quisiera mantenerse alejado de estas elecciones. Sabía que existían grandes probabilidades de repetir el pobre resultado de mayo. Aparentemente, también era consciente de que no podría ocultar por mucho tiempo sus diferencias con el gobernador. Los números son categóricos y no mienten bajo ninguna circunstancia. Dejan al descubierto cualquier tipo de maniobra que implique una traición política. La estrategia del distanciamiento ha quedado al desnudo.
Analicemos la situación de manera puramente matemática para entenderla mejor. El candidato de Emiliano Durand, tanto en mayo como ahora, era Bernardo Biella. Todos lo sabíamos y eso no constituía ningún secreto de Estado. Aparentemente, los votantes y militantes de Durand también lo tenían muy claro. Porque el candidato Bernardo Biella obtuvo poco más de 90.000 votos en la capital provincial. Mientras tanto, su compañera de fórmula para el senado, Flavia Royón, sacó apenas 75.000 sufragios. La diferencia es demasiado abultada para ser una simple casualidad.
Esa brecha podría entenderse como un error en la boleta única de papel. Pero esa explicación se cae al observar que la categoría de senadores va arriba en la papeleta. Lo que la gente suele olvidar marcar es justamente la categoría que está más abajo. Es decir, lo que ocurrió fue lo que antes se llamaba un corte de boleta clásico. Claramente, el jefe comunal mandó a votar en la categoría de diputados a su candidato. Luego dio libertad de acción en la categoría de senadores, para que voten a La Libertad Avanza o a cualquier otro partido. La coincidencia es, cuanto menos, sospechosa.
No queremos alimentar rumores sobre simpatías políticas ocultas en el municipio. Pero los números son inexpugnables y no se pueden refutar con declaraciones. Aparentemente, los votantes de Biella en senadores se inclinaron masivamente por el candidato de Fuerza Patria, donde el ex gobernador compitió directamente contra los candidatos del oficialismo de Gustavo Sáenz. Ahora, seguramente llegarán los pases de factura y las consecuencias políticas. No se sabe con certeza cuántas cabezas rodarán por esta afrenta. Pero la del intendente capitalino parece ser la más expuesta de todas. El precio de la deslealtad en política suele ser muy alto.


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