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Salta

Morir para renacer: la oportunidad del peronismo para las elecciones 2027

El resultado electoral de las nacionales es la muestra más clara y evidente de que la ciudadanía quiere ver caras nuevas en la política.

Balotaje 2023
Fuente: Sitio Oficial de la Dirección Nacional Electoral.

SALTA – La victoria libertaria en las elecciones de la mayoría de las provincias puede verse de varias maneras. Quizás fue el miedo impuesto por Trump con sus amenazas desde EE.UU, quizás fue la falta de propuestas de un sector que solo habló de ir en contra de otro proyecto, el riesgo de que todo explote en lo económico ante la posibilidad de un regreso peronista sin ideas claras. O bien, simplemente, la mayoría se cansó de ver las mismas caras en las boletas en los últimos 25 años.

El hartazgo y el ausentismo, son el común denominador en la mayoría de los distritos. La Libertad Avanza superó con nombres nuevos o prácticamente desconocidos a figuras históricas. Queda una sensación de fin de ciclo marcada en muchos lugares. Por qué la oposición, con el peronismo a la cabeza, no logra enamorar al votante como solía hacerlo? Como es posible que no existan discusiones internas que generen dirigentes con ideas más frescas? Cuantas elecciones deben perder para jubilar nombres de antaño?

Si miramos puntualmente Salta, es una provincia que en los últimos 30 años solo tuvo 3 apellidos gobernando. Romero, Urtubey y Sáenz. La tendencia es perdurar durante tres mandatos, y Gustavo pretende sostener eso, aunque la gente, luego de lo ocurrido el domingo pasado, quizá no esté tan de acuerdo.

Cuando Alfredo Olmedo dice “le ganamos a la dirigencia que gobierna hace 30 años”, no está para nada equivocado. Zapata y Olmedo están muy lejos de ser nuevos, pero las listas fueron encabezadas por mujeres que sí lo son. Gabriela Flores ha pasado del periodismo local al congreso de la nación, siendo alguien totalmente desconocida para el espectro de la política partidaria tradicional.
En 2023, Emilia Orozco no pudo renovar su primer mandato como concejal de la capital salteña, pero auspiciada por el sello nacional, hoy se proyecta como el futuro político de la provincia. Una cara nueva, joven, tal vez aún en proceso de formación en muchos aspectos. Algo lógico para alguien nuevo sin experiencia. Lo que podría ser algo negativo en el análisis, la gente lo legitima con el voto, porque apuestan a otra cosa, mejor o peor, pero otra cosa. Los resultados se analizan mejor cuando pasa el tiempo. Pero más allá de todo, llevan adelante una idea.

Si la derecha de Salta, pone dos caras poco conocidas, con poca experiencia política y obtiene resultados. Como es posible que el peronismo y el campo popular, no logren impulsar ni un solo candidato o candidata que renueve esa identidad política? Cuánto egoísmo puede haber en la dirigencia, para seguir presentando figuras repetidas, intercaladas en cargos, una y otra y otra vez?
El PJ intervenido por Buenos Aires, totalmente manoseado, lleno de olor a viejo, Saenz dudando cuando le preguntan si es o no es peronista, Urtubey y Leavy en listas separadas y así sigue la fragmentación, sin ninguna idea de conducción ni unión clara.

Hablar de la muerte en términos políticos, debe tomarse como una oportunidad de lo que podría emerger. Hoy la ciudadanía condena a muchos dirigentes, les ha puesto un fin, una condena mortal.
Pero el peronismo no muere nunca, solo necesita que los dirigentes de este tiempo entiendan que primero está la patria, después el movimiento y por último los hombres. La humildad debe aflorar en la mayoría, para dejar las vidrieras y ceder esos lugares a caras nuevas.

Esto es una gran oportunidad para la renovación. Para discutir nuevas formas, nuevos proyectos, nuevos modelos de provincia, y por último pero no menos importante, nuevas caras.

Tal vez esa juventud también deba revelarse un poco más y dar la pelea fuerte por dentro, no esperar a que les den permiso de participar. El poder se ejerce, y ante el escenario actual, si los más viejos no quieren soltarlo, habrá que tomarlo a fuerza de discusión, de discrepancias, con debates fuertes internamente.
Cuando la derrota es tan contundente, la culpa no es individual, sino de todos en su conjunto.

El 2026 es un año sin elecciones, óptimo para dar esa batalla política. Aún queda tiempo de rearmar y reparar las cosas, para presentar algo diferente, más claro, más transparente, renovado y acorde a los tiempos, para pelear por el futuro de la provincia en 2027.