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Salta

El drama de los turnos en el Hospital Papa Francisco

Se entregan una sola vez al mes y las filas son cada vez más largas. Algunos vecinos acampan más de 12 horas para conseguir un especialista.

Hospital Papa Francisco

La atención de salud en la zona sudeste de Salta se ha convertido en un verdadero drama para los vecinos que buscan acceder a atención médica en el Hospital Papa Francisco. La saturación y la falta de respuesta por parte de las autoridades son evidentes, y los testimonios de los pacientes reflejan un sufrimiento que no puede hacerse esperar.

Todos los meses, puntualmente el día 15, el Hospital Papa Francisco, entrega sus turnos para atención de médicos especializados. Este mes por ser sábado, los turnos se entregaron este lunes 17. Las quejas no vienen por el trabajo de los profesionales, sino de la administración y su desorden para manejar un sistema colapsado por la demanda.

EL INTRA obtuvo testimonios de algunos vecinos que padecen esta situación y pidieron se les reserve su identidad en esta nota.

Desde muy temprano, los ciudadanos se agrupan en la puerta del hospital, algunos acampan desde horas de la tarde del día anterior, esperando obtener un turno para alguna especialidad. Muchos llegan a las 3 de la mañana. Como un vecino señala, “hay vecinos que están desde la 3 de la mañana, otros que ha llegado a las 5, personas que han llegado a las 7 de la mañana con turno o para pedir turno para confirmar, y no se las atiende”. La frustración es palpable, y el tiempo de espera es cada vez más largo, sin que se vislumbre una solución.

Los turnos empiezan a darse a partir de las 8. Muchos esperan hasta pasadas las 10 de la mañana por la extensa fila, con lo cual, hay vecinos que superan las 12 horas de espera entre el acampe y el horario de apertura.

La situación se agrava con el funcionamiento limitado de las ventanillas. “De cuatro ventanillas que suelen atender generalmente, funcionan dos…el sistema es malo, no funciona, no se acerca algún el ministro de salud, secretario o algún gerente a hablar con los pacientes para ver cómo mejorar esto.” Este comentario subraya la desconexión entre las autoridades de salud y las necesidades de los pacientes, que se sienten desamparados en su búsqueda de atención.

En esta lucha por acceder a servicios médicos esenciales, los testimonios de quienes están en la fila muestran un patrón repetido de desilusión. “Vengo para tres especialidades, traumatólogo, reumatólogo y medicina laboral… me dijeron que ya para el turno de reumatología yo ya no voy a alcanzar, porque supuestamente ya dieron, dan para quince, y los quince ya están agotados.” Los pacientes se encuentran atrapados en un sistema que parece no tener en cuenta la demanda. Lamentablemente muchos quedan esperando en vano y deberán probar suerte el mes próximo para hacerse análisis o los controles de sus médicos especialistas.

El descontento es evidente y el llamado a la acción es urgente. “Quisiera que, por favor, pedir al señor gobernador, a la intendencia también…todos estamos para bien, pero no se ve, este, que hace nada para poder mejorar nuestra situación.” Este ruego pone de relieve la necesidad de una respuesta efectiva y responsable por parte de las autoridades; los ciudadanos no solo buscan mejoras en la atención, sino también ser escuchados.

Los problemas no solo están en la entrega de turnos. Las líneas telefónicas son inefectivas, lo que añade otro nivel de frustración. “Estamos varios con teléfono en mano tratando de comunicarnos con el 148 para poder lograr cualquier especialidad que ellos tengan…que a partir de las ocho de la mañana recién van a empezar a atender, que antes no.” La ineficacia en los canales de comunicación refleja la falta de planificación y organización del sistema de salud.

La situación es crítica, y la ciudadanía está cansada. “No venimos acá de gusto, venimos por una necesidad, una necesidad de salud.” Este sentido de urgencia enfatiza que, detrás de cada turno perdido, hay una historia de necesidad, de sufrimiento, y de la búsqueda de una atención diligente que no debería ser un lujo, sino un derecho.

Es imperativo que las autoridades de salud tomen en cuenta estos testimonios y trabajen para mejorar la situación en el Hospital Papa Francisco. La salud es un derecho humano fundamental, y las vidas de los ciudadanos no deben verse comprometidas por un sistema ineficiente.

Los comentarios reflejan el abandono de toda la clase política, se sienten solos, peleando por su salud y la de sus familias. ¿Cómo puede haber una fila de 500 personas o más todos los meses? ¿Cómo es que ningún legislador, ni concejal, ni funcionario de salud atienda estos temas?

Está claro que el sistema colapsa a medida que lo hace también la economía de la gente. A mayor ajuste, mayor demanda cobra lo público y al tratarse de salud se vuelve urgente y vital para todos.