SALTA – (Por Diego Nofal) La llegada de una nueva inversión minera a la Argentina siempre genera expectativas de desarrollo. En Salta, el proyecto Taca Taca promete ser un yacimiento de cobre transformador. Sin embargo, la empresa a cargo, First Quantum, trae una mochila pesada de controversias internacionales. Su historial reciente en Panamá y el Congo merece una mirada atenta y prudente. La noticia de su llegada genera tanto esperanza como legítima preocupación.
Según reportes de la agencia internacional Reuters, First Quantum sufrió un serio revés legal en el Congo. La empresa perdió los derechos de explotación de dos minas que operaba desde el año 2000. Las autoridades determinaron que sus permisos se basaron en una simple carta de intenciones. Este procedimiento viola abiertamente el código minero local que exige un decreto formal. Además, existieron sospechas de corrupción en el otorgamiento inicial de esas concesiones. La justicia congoleña finalmente le arrebató ambos yacimientos de manera definitiva.
Pero el continente africano reservaba más problemas para la minera canadiense. En Zambia, se desataron violentas protestas cerca de sus operaciones. Los pobladores locales denunciaron que la empresa comenzó a trabajar sin reasentarlos. Este incumplimiento contractual generó un grave conflicto social con la comunidad. La situación dejó en evidencia su delicado manejo de las relaciones con los vecinos. Su habilidad para coleccionar conflictos parece ser una constante inquietante.
Sin embargo, su capítulo más dramático y reciente ocurrió en Panamá. La Corte Suprema de ese país ordenó suspender todas sus operaciones mineras. Los magistrados determinaron que los contratos violaban tratados internacionales y leyes ambientales. Esta decisión judicial no surgió de la nada, fue precedida por un masivo descontento popular. El desencanto de la gente panameña se expresó en las calles de manera contundente.
Más de cien mil personas salieron a protestar contra la mina de cobre de First Quantum, el país caribeño no enfrentaba manifestaciones así desde las que terminaron con la renuncia de Noriega. La explotación estaba ubicada en el corazón de una selva tropical panameña. Los manifestantes acusaban a la empresa de contaminar ríos, arroyos y hectáreas enteras. La Corte posteriormente confirmó estos graves señalamientos ambientales. El problema para Panamá, no terminó con el simple cierre de la mina.
First Quantum dejó abandonadas dentro del yacimiento 121.000 toneladas de concentrado de cobre. Esta sustancia es altamente tóxica y representa un peligro latente para la salud pública. Los residuos afectan a las comunidades aledañas y a los pocos empleados restantes. La solución para este desastre comenzó a gestionarse recién en mayo de 2025. Aún hoy no existen informes públicos que certifiquen su correcta eliminación.
La empresa intentó un arbitraje internacional en Estados Unidos contra Panamá. Pero la estrategia legal de First Quantum se desmoronó rápidamente en los tribunales. Hasta Canadá, su país de origen, retiró el apoyo diplomático a su reclamo. Finalmente, la minera desistió de continuar con ese costoso proceso judicial. Este es el turbio currículum que presenta la compañía que llegará a Salta.
La minería de cobre es radicalmente distinta a la extracción de litio. El litio utiliza agua de cuencas endorreicas en un proceso por evaporación. El cobre, en cambio, requiere el uso de materiales tóxicos y altamente contaminantes. Salta debe preguntarse si confía su futuro estratégico a una empresa con este historial. La promesa de desarrollo no puede opacar los precedentes de conflicto y daño ambiental. La provincia merece una explotación minera moderna, responsable y realmente sustentable.
La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
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