SALTA.- (Por Diego Nofal) Durante los primeros días de octubre de 2025, Flavia Royón recorrió la provincia con un discurso esperanzador. Su mensaje principal era claro y contundente para todos los salteños. Afirmaba que ya no debíamos mirar los acuerdos nacionales o las estructuras políticas de Buenos Aires. Prometió con firmeza que, en su gestión, los salteños serían siempre lo primero. Con esa impronta, la candidata encendió en la gente una ilusión genuina y renovadora. Muchos creyeron que por fin tendrían una defensora férrea en el Congreso Nacional. La expectativa se palpaba en cada rincón de la geografía salteña.
El contexto político provincial alimentaba aún más ese deseo colectivo. Salta contaba con tres diputados nacionales muy vinculados al oficialismo de entonces. Esos representantes parecían un apéndice del gobierno nacional, antes que voces propias. Tampoco existía en ese momento un senador que respondiera exclusivamente a los intereses locales. Los senadores salteños en ejercicio respondían a la estructura que comandaba Javier Milei. Por eso la llegada de Royón al Senado generaba una expectativa tan particular y necesaria. Se la veía como la persona que guiaría en la Cámara Alta los asuntos de la provincia.
Pero de los grandes discursos a las grandes gestiones hay un paso enorme, a veces infranqueable. Eso quedó dramáticamente demostrado este fin de semana en el recinto del Senado. La flamante senadora nacional ya había dado algunas señales preocupantes con anterioridad. Sus primeras acciones parecían alejarse del mandato de representar solo a los salteños. Por el contrario, evidenciaron un rol muy diferente y bastante más pragmático. Su función parecía ser la de lubricar los acuerdos entre el gobernador Sáenz y la Nación. El cambio de chip fue tan rápido que causó sorpresa y desencanto.
Comenzó con una encendida defensa de la polémica ley de reforma laboral impulsada a nivel nacional. Luego se sumó con entusiasmo a la lucha por habilitar el uso de agua de glaciares. Ningún proyecto minero activo en Salta requería en ese momento que se aprobara dicha norma. Todas las batallas que eligió librar tenían un aroma marcadamente federal, pero no salteño. Sus esfuerzos se alineaban visiblemente con la agenda del gobierno nacional en curso. Los intereses concretos de nuestra provincia comenzaban a quedar en un segundo plano evidente. La coherencia con su campaña se resquebrajaba a velocidad alarmante.
Pero lo último que se pierde es la esperanza, así que muchos aún confiaban en su primera intervención clave. Esa intervención crucial terminó siendo para votar el presupuesto nacional y la ley de inocencia fiscal. Dicha ley de inocencia fiscal resulta ser un regalo controversial para ciertos actores económicos. Permite a narcotraficantes que operan en Salta blanquear dinero comprando inmuebles, por ejemplo. Justo lo que necesitábamos los salteños para sentirnos más seguros en nuestro territorio. Ahora, quienes inundan de droga nuestras calles pueden ser dueños de nuestro mercado inmobiliario.
Otra de sus votaciones cruciales fue a favor de un presupuesto que desfinancia la educación técnica. Ese proyecto reduce en un noventa y tres por ciento la partida para esas escuelas tan vitales. Hablamos de una provincia donde la minería requiere mano de obra técnica calificada urgentemente. Generar trabajo estable es cada vez más difícil en nuestro suelo salteño. Una escuela técnica fuerte ofrece a los jóvenes una salida laboral concreta y digna. Sin embargo, la representante de Salta votó para desfinanciar esa misma educación que necesitamos. El guiño a los grandes intereses sectoriales parece más claro que su compromiso con el futuro local.
Queda entonces una pregunta flotando en el aire salteño, cargada de desilusión. Primero los salteños fue solo una expresión de deseo electoral, un eslogan vacío. O quizás fue algo peor, una mentira descarada dicha para ganar votos confiados. Para Flavia Royón, en la práctica, pareciera que primero están los acuerdos políticos nacionales sin duda. Después vienen los intereses de las mineras y de Banco Macro que supieron contratarla en el pasado. Y por último, muy pero muy atrás en la cola de prioridades, estamos los ciudadanos. Los salteños que creyeron en su palabra hoy miran con tristeza otro sueño incumplido. La verdad siempre llega, y esta vez llegó con el ruido seco de una votación en el Senado.
La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
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