SALTA.- (Por Diego Nofal) En Salta, los grupos de WhatsApp mezclan periodistas y políticos con una facilidad pasmosa. Uno de esos chats concentra a funcionarios y periodistas de la vieja escuela. Allí también está el flamante senador nacional Gonzalo Guzmán Coraita. Este espacio digital es un termómetro peculiar del quehacer vernáculo. Sus notificaciones suenan más que las campanas de la Catedral.
Para entender este caso, debemos recordar los orígenes públicos de Guzmán Coraita. El actual senador se hizo famoso de manera muy loable en el pasado. Fundó Salta Transparente, un medio que funcionaba casi como una ONG. Su misión era contarnos cuánto recibían los medios de pauta oficial. Durante años, supimos gracias a él el destino del dinero estatal.
Ese dinero, que en teoría pertenece a todos los salteños, tenía un rastro claro. Por alguna extraña razón, esta contabilidad se detuvo hace un tiempo. Algunos suspicaces señalaron un posible acuerdo con el gobierno provincial. Otros murmuraron sobre un entendimiento con el municipio. El silencio llegó sin previo aviso y con pocas explicaciones.
Atentos a su viejo compromiso con la verdad, alguien en el grupo le pidió un favor. Le solicitaron que, de ser electo senador, publicara los nombres de su equipo. También debía revelar los salarios de cada uno de sus futuros asesores. Hasta hoy, esa promesa hecha entre memes y audios de voz sigue incumplida. La palabra empeñada en el chat se perdió en el limbo digital.
La información debería estar disponible en la página oficial del Senado de la Nación. No obstante, ni sus empleados ni los de otros senadores libertarios aparecen allí. Señalan que es responsabilidad del departamento de recursos humanos de la Cámara Alta. La culpa parece un juego de ping pong burocrático muy poco transparente. Mientras tanto, los datos brillan por su ausencia.
Indistintamente de quién tenga la culpa administrativa, la responsabilidad política es clara. Quien hizo la promesa era el propio Gonzalo Guzmán Coraita. Su compromiso era simple y se forjó ante testigos virtuales de lujo. No cumplir con ello deja un sabor amargo y una pregunta flotando. ¿Tan difícil es pasar del dicho al hecho, incluso para un paladín de la transparencia?
La única promesa de campaña ruidosa era cumplir las órdenes del presidente Javier Milei. Sin embargo, el titular de Salta Transparente tenía un compromiso aparte y personal. Era una deuda de honor con sus compañeros de chat y con la ciudadanía. Hasta ahora, esa promesa yace en el cementerio de las buenas intenciones. La transparencia, al parecer, a veces tropieza con sus propios paladines.
La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
X @turconofal.