SALTA.- (Por Diego Nofal) Mi amigo Sergio, de las mejores personas posadas en suelo salteño, suele decirme: “Odio tener razón, lo peor para los tipos buenos es acertar en advertencias”. Eso me sucede hoy con el caso de la senadora Flavia Royón. Hace meses hablé de un acuerdo entre el Gobierno, Sergio Leavy y Juan Carlos Romero. Ahora una desprolijidad, confirmó todo, con letra grande y nombres propios.
Del entendimiento entre Gustavo Sáenz y Juan Carlos Romero poco hay que agregar. Es el tema central de cualquier tertulia política en la provincia. Me atrevo a un análisis personal, sin información privilegiada. Sospecho que Bettina Romero es el plan B del oficialismo. Esto aplica si Emiliano Durand vuelve a sacar los pies del plato o si su imagen sigue cayendo en picada, como hasta ahora.
Lo de Flavia Royón resulta particularmente doloroso para este cronista. Siempre sostuve que era el perfil técnico más sólido del gobierno provincial. Mantengo esa opinión sobre su capacidad técnica, sin dudas. Nunca imaginé que ella rubricaría el acuerdo con cargos millonarios. Menos aún que sería la encargada de formalizar el pacto con Sergio “el Oso” Leavy.
La improlijidad para manejar estos acuerdos espurios es asombrosa. Todos sabíamos que la candidatura nacional de Leavy era una triquiñuela. Su objetivo claro era quitar votos a Juan Manuel Urtubey camino al Senado. Nunca pensé que serían tan evidentes al mostrar los mecanismos del pacto. La confirmación llegó con una simple nómina de empleados, para sorpresa de nadie.
Apareció la lista de empleados de Flavia Royón en el Senado nacional. Incluye muchos nombres repetidos de la gestión de su antecesor, Sergio Leavy. Cuando digo muchos, me refiero a realmente muchos nombres. Casi la mitad de su equipo político fue heredado directamente del ex senador. Esto demuestra a las claras la naturaleza del acuerdo provincial. El convenio no solo fue político, también fue económico y laboral.
Los nombres repetidos entre la senadora y Leavy son tantos que dan risa. Los pondré en una foto adjunta para ahorrar espacio en esta columna. Existen formas más discretas de sellar y cumplir acuerdos políticos. ¿Por qué hacerlo tan obvio y desprolijo? ¿Para qué manchar la reputación de una profesional respetada en su rubro? Todo sea por cumplir un acuerdo que, repito, se siente prácticamente espurio.
Inventar candidatos para restar votos no es una novedad en el país. Se practica desde que tenemos democracia, eso es cierto. Sin embargo, habla de la debilidad electoral de un gobernador con aspiraciones. Un gobernador que todavía sueña con ser reelecto en la próxima contienda. Esa fragilidad política quedó plasmada en las designaciones del Senado nacional. La estrategia es tan transparente que duele a la vista.
Uno de los nombres que más sorprendió es el de Fernando Palopolis. El histórico asesor de Juan Carlos Romero ahora integra el equipo de Royón. Todo el equipo de la flamante legisladora responde a acuerdos políticos. Parece que para la senadora nunca fueron primero los salteños. Primero fue el acuerdo, segundo la política, tercero el Banco Macro. Cuarto las mineras y, bien atrás, los intereses de la gente común. Un final poco feliz para una técnica que prometía otro rumbo.


¿Y Guzmán Coraita?
Mientras tanto Gonzalo Guzmán Coraita, sigue sin contar quienes serán sus asesores, ni cuánto cobrarán, pero al menos se tomó la molestia de llamar para justificarse y contar que aún no salieron los decretos de designación y que apenas se confirme que sus nombramientos fueron aceptados, serán publicados en la página web del Senado. Algo que debería ocurrir en los próximos días. Pese a no hacer pública la nómina, como era su compromiso, tuvo la deferencia de hacer la aclaración y explicar los porqués.
La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
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