SALTA.- (Por Matilde Serra) Si bien con la multiplicidad de despachos, el Poder Ejecutivo se aseguró cierta hegemonía, la convivencia en la Corte de Justicia no siempre es armónica en esos niveles, máxime aún cuando los egos son altos y ni que hablar de las aspiraciones, las que muchas veces ciegan a más de uno.
Transcurridos los años, la eufonía que se escuchaba en el segundo piso del ala este de la ciudad judicial, cuyas estrechas ventanas permiten ver las banderas de Salta y Argentina, ya dejó de ser tan agradable, pues la combinación de las voces que se escuchan en los despachos ya no tiene la misma acústica.
Se dicen que ciertas actitudes de uno de sus integrantes habrían comenzado a llamar la atención ya desde hace algunos años, aunque no le dieron importancia y lo adjudicaron a una falta de madurez. El año pasado, sin embargo, todo eso quedó de lado.
Sucedió en la previa de la reelección de la Presidencia de la Corte, cuando dicho integrante del alto tribunal habría ejecutado una maniobra para arrebatarle la corona a la presidenta. Sin bien el acta de la votación refleja que el saldo fue unánime, algunas fuentes mencionaron que no fue tan así.
Al parecer, habría reunido algunos “aliados” para hacer repensar a sus colegas sobre la conveniencia de mantener a la jueza Teresa Ovejero al frente del Poder Judicial de cara a una nueva etapa, en la que se busca estrenar el modelo de “Juicio por Jurado” y consolidar el sistema acusatorio.
La jugada, sin embargo, no habría terminado de convencer a sus camaradas, quienes se corrieron unos pasos y lo dejaron solo. Otra versión, en tanto, da cuenta de que la jueza se habría enterado de antemano y para neutralizar la maniobra, decidió abrir la puerta de la presidencia.
Esto explicaría la llegada como vicepresidente primero de José Gabriel Chibán y como vicepresidenta segunda Adriana Rodríguez Faraldo, dos nombres que, por otra parte, no hacen más que revelar una fuerte presencia del Ejecutivo en dicha reelección.
Qué sucederá con el mentor de esta artimaña, por ahora nada se sabe, aunque muchos dan por descontados sus días en el máximo tribunal, máxime si se tiene en cuenta que, en puerta, ya habría un candidato que espera por un lugar en esa mesa.
Otra movida
El descontento, en tanto, no sería exclusivo de la Corte, pues ese sentimiento también estaría anidándose en los jueces de grado de la ciudad judicial, al punto tal de haber llegado a promover a uno magistrado en funciones para que sea tenido en cuenta para cubrir alguna de las dos vacantes dejadas por los jueces Ernesto Samsón y Guillermo Catalano.
Asado de por medio, y bajo la batuta de los jueces del Tribunal de Impugnación, los magistrados se habrían reunido para exigir que uno de ellos llegue a la más alta esfera de poder judicial bajo el argumento de que ese cuerpo necesita el aporte de un “juez en funciones”.
Si bien no trascendió el nombre del juez propuesto, el reclamo se hizo llegar a través de un camarista al que todos buscan en cada concurso, dado su conocida relación de amistad con el mandatario provincial, quien lejos de da cabida a la propuesta, si es que le llego, ni la tuvo en cuenta.
Desde hace años, los jueces buscan que alguno de su especie corone su carrera con un puesto en la Corte. Considera, por el contrario, que el alto tribunal se habría convertido en un reducto de letrados amigos que van en busca de una jugosa jubilación y que tendría un común denominador: la falta de experiencia.