SALTA.- (Por Diego Nofal) La política en Salta parece ahora dirigida por un algoritmo invisible y caprichoso. El mes de enero, tradicionalmente tranquilo en la agenda pública, ofreció una clara demostración de esta nueva realidad. Los gestos de los funcionarios ya no se miden por su impacto real en la comunidad, sino por los likes y los shares que generan en plataformas digitales.
Este nuevo termómetro de la gestión pública marca la temperatura según la tendencia del momento, dejando en evidencia una prioridad distorsionada. La verdadera acción comienza solo cuando el timeline lo exige, convirtiendo la administración en un espectáculo reactivo. El primer acto de este drama digital lo protagonizó el intendente capitalino, Emiliano Durand. Su gesto de pagar la estadía de un joven abandonado por una aerolínea low cost fue, sin duda, una ayuda concreta para una persona en problemas.
Sin embargo, la maniobra tuvo un sutil regusto a oportunismo político calculado al milímetro. Por un lado, logró exponer la aparente indisponibilidad del avión sanitario provincial, herramienta clave para traslados de pacientes. Por el otro, se anotó un tanto fácil en el marcador de la popularidad virtual, sumando puntos ante su audiencia digital. Fue una jugada maestra que combinó asistencia social con una jugarreta política muy bien publicitada.
La réplica del gobierno provincial no se hizo esperar, demostrando que entiende a la perfección las reglas de este nuevo juego. Un joven vendedor de sándwiches de milanesa, víctima del escarnio de dos influencers locales, se volvió el centro de una nueva performance de solidaridad fingida. La administración provincial salió al auxilio, no del chico en primera instancia, sino de su propia imagen en las redes.
Le otorgó un subsidio para continuar con su emprendimiento, pasando por alto detalles menores como los controles bromatológicos obligatorios. Esos controles, curiosamente, son responsabilidad de la misma municipalidad que el gobierno quería contrarrestar, cerrando un círculo de ironías administrativas. Este intercambio de golpes bajos disfrazados de benevolencia revela un enfrentamiento sordo pero constante.
La pulseada entre la municipalidad capitalina y el gobierno provincial ya no se libra en despachos o sesiones legislativas. Su campo de batalla preferido son las redes sociales, donde cada publicación es un misil de propaganda. La gestión parece reducirse a una competencia por ver quién logra el gesto más fotogénico o el headline más viralizable. Mientras tanto, los problemas estructurales de la provincia aguardan su turno para volverse trending topic, sin garantías de que eso suceda pronto.
El aspecto más preocupante de este fenómeno es la clara dependencia que han desarrollado nuestros representantes. Su amperímetro de la acción pública solo se enciende cuando las redes sociales lo exigen con fuerza. La agenda política se escribe ahora en tiempo real, respondiendo a la indignación o la conmoción del momento digital. Los protocolos, la planificación y la gestión silenciosa pero efectiva pasaron a un segundo plano absolutamente relegado. Pareciera que un problema no existe si no tiene un hashtag que lo acompañe, una lógica tan risible como peligrosa.
Una prueba triste de esta negligencia selectiva la tenemos hoy en el norte provincial. Las inundaciones ya comenzaron y hay familias evacuadas que requieren ayuda inmediata y coordinada. Sin embargo, la respuesta oficial parece avanzar a la velocidad de un modem de dial-up.
La historia se repite, como el año anterior, cuando la ayuda demoró hasta que la situación fue insostenible y estalló en las redes. Es el patrón claro, la ayuda llegará solo cuando la presión virtual sea tan intensa como el agua que invade los hogares. Hasta entonces, la solidaridad será un espectáculo reservado para casos con mejor engagement. Es hora de exigir a nuestros funcionarios que desconecten un poco y miren más allá de sus pantallas.
La gestión pública no puede depender de la viralidad ni reducirse a una guerra de memes y stories efímeras. Salta necesita acciones consistentes, planificación a largo plazo y respuestas ágiles para todos, no solo para aquellos con historias convertibles en contenido. El verdadero like que debemos buscar es el de la ciudadanía satisfecha con servicios que funcionan siempre, incluso cuando internet se cae. Que la próxima publicación destacada sea, por fin, el anuncio de un trabajo serio y no otro acto de circo digital para la galería virtual.
La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
X @turconofal.