SALTA.- (Por Matilde Serra) La postal turística del verano 2026 deja una paradoja cada vez más difícil de justificar para el Gobierno de Salta. Mientras gran parte del país registra niveles récord de ocupación hotelera, la provincia atraviesa una de sus peores temporadas en años. Los datos de enero son contundentes: apenas un 35% de plazas ocupadas, incluso en plena temporada alta.
El contraste con el resto del país es evidente. Destinos tradicionales como Bariloche y Mar del Plata registraron ocupaciones que oscilaron entre el 70% y el 90%, mientras que en el norte argentino la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, y Tafí del Valle, en Tucumán, superaron el 75% de reservas. Salta, históricamente uno de los destinos más fuertes del NOA, quedó completamente al margen de esa dinámica nacional.
La explicación no está en la coyuntura económica ni en una caída general del turismo. El problema es político y de gestión, y tiene responsables concretos. La conducción del área de Turismo provincial evidenció una falta de planificación alarmante, ausencia de campañas sostenidas y una desconexión evidente con los mercados emisores. No hubo estrategia anticipada ni capacidad de reacción.
La gestión de la ministra Manuela Arancibia queda seriamente cuestionada por los resultados. En lugar de articular con el sector privado, fortalecer la promoción y posicionar a Salta frente a destinos competidores, el Ministerio se limitó a acciones dispersas y a una comunicación institucional sin impacto real. La temporada llegó —y pasó— sin una política turística clara.
Las consecuencias no se reducen al sector hotelero. La baja ocupación golpea de lleno a restaurantes, agencias de viaje, guías turísticos, transportistas y comercios, afectando a miles de trabajadores que dependen directa o indirectamente del turismo. En un contexto económico complejo, el sector debía ser un motor de alivio; terminó siendo otra oportunidad desperdiciada.
Bajo la gestión del gobernador Gustavo Sáenz, el turismo fue presentado reiteradamente como un eje estratégico del desarrollo provincial. Sin embargo, los números actuales desmienten el relato oficial. La falta de conducción efectiva en el Ministerio de Turismo termina arrastrando a toda la provincia.
Mientras otras provincias celebran temporadas históricas, Salta exhibe un retroceso que no puede explicarse por factores externos. No es falta de atractivos, es falta de gestión. Y los datos de enero funcionan como una advertencia clara: sin cambios profundos en la conducción del área turística, la provincia seguirá perdiendo competitividad frente a destinos que sí entendieron cómo planificar y promocionar.
El turismo no se construye con slogans ni publicaciones tardías. Se sostiene con planificación, presencia y decisiones políticas. Hoy, en Salta, esa conducción está ausente.