SALTA.- (Por Renato Ocampo) En un contexto donde la sociedad demanda austeridad y mérito, la reciente oficialización del Decreto 130 resuena en los pasillos del Grand Bourg no como una decisión estratégica, sino como el capítulo final de una saga de privilegios que ofende la carrera administrativa de cualquier funcionario de carrera.
El gobernador Gustavo Sáenz ha formalizado el traslado del Dr. Juan Carlos Villamayor a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para encabezar la Delegación de la Casa de Salta, otorgándole nada menos que el rango y la remuneración de ministro.
Este nombramiento no es un hecho aislado, sino la culminación de una década de cargos ejecutivos bajo el ala protectora de un mismo esquema de poder. Desde que Sáenz asumió la intendencia en 2015, Villamayor ha transitado por el Estado sin conocer lo que es la incertidumbre del sector privado o el veredicto de las urnas.
Su derrotero comenzó en diciembre de 2015 como Secretario General de la Municipalidad de Salta. Al dar el salto a la Provincia en 2019, fue ubicado como Secretario de Políticas Sociales. Sin solución de continuidad, en 2021 pasó a ocupar la Secretaría de las Personas Mayores, cargo en el que fue ratificado apenas en diciembre de 2023. Hoy, mientras la crisis económica asfixia a la administración pública, se le premia con un «exilio dorado» en la Capital Federal, manteniendo los beneficios de una cartera ministerial.
Es imposible no trazar un paralelismo con su hermana, la diputada Socorro Villamayor. Si bien ella puede jactarse de haber validado su posición a través del voto popular, un matiz de legitimidad que su hermano desconoce, su rol en la Legislatura ha sido el de una espada defensiva siempre servil a la causa del «saencismo».
Para el funcionario que se esfuerza, que concursa y que respeta la jerarquía, la trayectoria de Villamayor resulta indignante. Representa la consolidación de una casta que no se mide por eficiencia, sino por cercanía política. Mientras el discurso oficial habla de «reducción del Estado» y cargos «ad honorem» para algunos, para otros siempre hay un decreto con rango de Ministro esperando bajo la mesa.
Ir a la Casa de Salta en CABA, es un gesto de alta confianza. La confianza delegada en Villamayor entonces es la misma que ha tenido su predecesor durante los últimos años, Martín Plaza, actual y recientemente nombrado Juez de Corte por los próximos 10 años. Una confianza y seguridad judicial única, que solo pueden dar los amigos.
¿Hasta cuándo la estructura política salteña seguirá funcionando como una agencia de colocaciones para apellidos del pasado? La Casa de Salta en Buenos Aires en lugar de ser una vidriera de gestión, se ha vuelto el refugio “premium” de quienes no pueden sostenerse por fuera de la pauta de un decreto amigo.