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Opinión

El premio a la obediencia es para Ada Zunino

La ahora ex jueza Ada Zunino acaba de ser premiada con la conducción de la Defensoría General de la provincia

Ana Zunino

SALTA.- (Por Diego Nofal) La ahora ex jueza Ada Zunino acaba de ser premiada con la conducción de la Defensoría General de la provincia, un cargo de enorme trascendencia institucional que le permitirá gestionar los destinos de quienes tienen la misión de defender a los más vulnerables. Usted se preguntará si la actual jefa de los defensores hizo algún mérito para llegar acá, y déjeme decirle que esa pregunta es mucho más complicada de contestar de lo que parece a simple vista.

Se la podría resumir en una frase contundente: en un lugar normal, Ada Zunino de ninguna manera ocuparía un lugar de tanta trascendencia en el sistema judicial. En esta provincia, donde los jueces, fiscales y sobre todo las cabezas de la justicia se eligen por la cercanía al poder político, podemos decir que Zunino realmente hizo un gran esfuerzo para merecer este reconocimiento. Siendo magistrada, se convirtió sin duda en la jueza favorita del poder, y fueron más de un favor al poder político provincial los que explican su meteórico ascenso.

Hay algunos favores que no vamos a nombrar porque están relacionados con la familia de funcionarios de primera línea y no corresponde ventilarlos en esta columna, pero la lista es lo suficientemente larga como para justificar esta designación. Además de esos gestos de lealtad familiar, hizo más de un favor directo al gobierno de Gustavo Sáenz, demostrando que su compromiso con el oficialismo iba mucho más allá de lo que sus colegas estaban dispuestos a ofrecer.

Zunino, según dejaron trascender algunas fuentes judiciales, fue fundamental para la imputación del dueño de este medio por intimidación pública, algo que había sido pedido directamente desde el seno del Grand Bourg, esa casona rosada que funciona como centro neurálgico de las decisiones políticas.

Pero sus servicios no se limitaron a causas judiciales contra periodistas incómodos, sino que en los últimos meses rompió la regla sagrada de que los jueces hablan solo por sus fallos. Decidió salir a levantar su perfil mediático y dar declaraciones que no corresponden para nada con la sobriedad que se espera de un magistrado de la provincia, construyendo así una imagen pública que poco tenía que ver con la imparcialidad judicial.

En ese momento, lo que ella esperaba era ser nombrada jueza federal, un salto que le hubiera permitido trascender las fronteras provinciales y consolidar una carrera nacional. Pero claro, los favores de la jueza habían sido puestos todos en el fuero local, invertidos en la cancha chica donde las fichas se cobran en moneda provincial. Era muy complicado que alguien con tan pocos méritos académicos y profesionales objetivos llegara a ocupar un cargo en la justicia federal, donde los estándares suelen ser un poco más exigentes. Por eso su premio consuelo, por haber sido una buena guardiana de los deseos del poder salteño, fue hacerse cargo de la Defensoría General de la provincia, un puesto que nadie le regala a cualquiera .

Pero claro, dicho así sonaría a que solo soy yo, un periodista con intereses personales, opinando sobre cuestiones del orbis jurídico provincial desde una trinchera particular. Sin embargo, no soy el único que considera que la jueza Ada Zunino no debería ostentar el cargo de jefa de los defensores oficiales, y eso no es una percepción caprichosa sino un dato de la realidad. De hecho, existe una asociación civil de defensores oficiales que le envió una misiva al Senado de la provincia para que la exjueza no sea puesta al frente de los defensores oficiales, alertando sobre los riesgos institucionales de semejante designación . Por supuesto, el Senado, ocupado principalmente por devotos del gobierno provincial que no suelen contrariar los deseos del poder político salteño, hizo caso omiso al pedido de los defensores y terminó aprobando el pliego de Ada Zunino por unanimidad, como si se tratara de la candidata más indiscutida del universo judicial.

Lo que queda demostrado con este episodio es que en la justicia salteña ser un perro guardián del gobierno provincial siempre da resultados, y los premios se reparten entre quienes mejor cuidan al amo. La pregunta que flota en el aire es si los defensores oficiales, esos abogados que día a día pelean por los derechos de los que no tienen voz, podrán trabajar con libertad bajo la conducción de alguien que construyó su carrera a fuerza de complacencias con el poder. El tiempo dirá si la nueva defensora entiende que su rol ahora es defender a los débiles y no a los poderosos, aunque viendo su historia, uno no puede evitar temer lo peor para la independencia de ese organismo tan sensible.

La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
X @turconofal.