SALTA.- (Por Renato Ocampo) La administración municipal de Emiliano Durand atraviesa una crisis de identidad técnica que amenaza con sepultar la capital bajo el peso de su propia impericia. Bajo una retórica que pretende erigirse como el paradigma del «orden», lo que subyace es un preocupante vacío programático donde la planificación no es más que un enunciado sin respaldo.
El discurso de apertura de sesiones ordinarias fue la consumación de este modelo de abdicación a la gestión: el intendente Emiliano Durand presentó un plan hídrico integral para mitigar inundaciones. “Tenemos todos los estudios hechos” exclamó, pero acto seguido reconoció que el proyecto demanda más de 7 mil millones de pesos, una cifra que equivale a dos presupuestos municipales completos y para la cual no tiene fondos asegurados. Apeló entonces a pedir gestión de los concejales, al bloque opositor de La Libertad Avanza, para conseguir los fondos del gobierno nacional. Algo que todos saben que no podría ocurrir. Así transforma una obligación primaria, como responsable principal, en una carga para el legislativo local.
¿Por qué anunciar un supuesto plan sin fondos? Todo es parte del “show” para hacer un “guiño” a la postura que adopta el gobernador Gustavo Saenz. No se plantea algo serio, en etapas, con gestión de fondos propios ni de algún otro organismo. ¿A dónde va entonces el dinero de tanto aumento impositivo?
Esta dinámica de anunciar soluciones estructurales mientras se admite la incapacidad de ejecutarlas con recursos propios no es un ejercicio de transparencia, sino una confesión de impotencia financiera y una falta de pericia para gestionar partidas extraordinarias fuera de las fronteras de la Avenida Paraguay.
La estrategia política de Durand parece haberse estancado en un ciclo eterno de señalamiento hacia la herencia recibida y una externalización sistemática de sus responsabilidades actuales.
Por otro lado, con su maquinaria de redes, con videos y pauta han expuesto ahora al secretario de Obras Públicas, Gastón Viola, para admitir que la recuperación integral del canal Yrigoyen, requeriría una inversión astronómica superior a los 30 mil millones de pesos, algo que ya sabía internamente, porque el proyecto inicial fue de Bettina Romeo y la gestión se ha limitado a señalar fallas estructurales, de la administración anterior para justificar la parálisis. Esto tanto al inicio de gestión, abandonando la primera etapa como ahora con la segunda, tras los derrumbes que ha sufrido la obra en cuestión. Es la política de «repartir culpas», ya que la única respuesta eficiente del municipio es la voracidad fiscal para el cobro de impuestos.
La gestión de Durand oscila sobre una paradoja insostenible: se presenta como un gestor moderno y eficiente mientras admite que su plan estratégico es financieramente inviable sin el auxilio de un Gobierno nacional al que no sabe o no puede llegar por cuenta propia. La insistencia en que «ordenar es cuidar» pierde toda validez intelectual cuando ese orden no incluye la solvencia para mantener el patrimonio estructural de la ciudad. Al final del día, la realidad del canal Yrigoyen no necesita de relato ni de obsesiones discursivas: necesita una gestión que deje de buscar culpables en el pasado o gestores en el Concejo Deliberante para empezar a asumir la responsabilidad técnica que conlleva administrar una capital que, bajo su mando, ha descubierto que la improvisación es el impuesto más caro que los ciudadanos pueden pagar.