SALTA.- (Por Diego Nofal) La política del norte argentino ha vuelto a sorprendernos con una jugada digna de manual, o más bien, de culebrón vespertino. En un hecho sin precedentes, la justicia federal intervino el Partido Justicialista de la provincia de Jujuy, una medida que nadie vio venir hasta que, de repente, todos fingieron haberla anticipado.
El encargado de capitanear esta nave intervenida es el salteño Ricardo Villada, ex ministro de Gobierno del gobernador Gustavo Sáenz. El detalle jugoso es que Villada ni siquiera está afiliado al Partido Justicialista, un pequeño olvido administrativo que lo convierte en una suerte de árbitro tan imparcial como un hincha de Boca dirigiendo un superclásico en la Bombonera.
Naturalmente, los justicialistas jujeños no tardaron en oler a gato encerrado y apuntaron sus baterías contra el gobernador de la vecina Salta. Denuncian una injerencia directa de Sáenz en la vida partidaria de Jujuy, una maniobra tan sutil que parece sacada de esos juegos de estrategia donde el que mueve las fichas nunca se sienta en el tablero.
La ex diputada nacional Leila Chaher se ha convertido en la voz cantante de las críticas, y sus declaraciones no dejan lugar a la diplomacia. Para la dirigente, lo que está ocurriendo en Jujuy no puede leerse sin ese trasfondo de alianzas que ya no se ocultan sino que se escenifican con cierta desfachatez en cada acto público o votación clave.
Chaher señaló con precisión quirúrgica que hay un sector del peronismo representado por la senadora Carolina Moisés que llegó al Senado gracias al voto justicialista. La diferencia, según remarcó la ex diputada, es que Moisés salió casi automáticamente a alinearse con Javier Milei, una conversión que ni San Pablo hubiera logrado tan rápido.
La dirigente jujeña fue más allá y aseguró que esa alianza entre la senadora Moisés y el presidente Milei se está profundizando día a día. El entramado, según su análisis, se vuelve aún más visible y estridente cuando se le suma la figura omnipresente del propio gobernador salteño Gustavo Sáenz, quien parece tener un pie en cada provincia.
Chaher no dudó en denunciar que existe una estrategia claramente delineada detrás de estas movidas, una que excede las fronteras de una simple interna barrial. Sostuvo que perciben una clara intromisión del gobernador de Salta en los asuntos políticos de Jujuy, operando de la mano de su nueva aliada, la senadora Moisés.
El objetivo político de fondo, siempre según la visión de la ex diputada, es debilitar sistemáticamente al Partido Justicialista y, en consecuencia, al peronismo mismo como fuerza nacional. No se trata de una discusión por cargos menores, sino de una operación quirúrgica para reconfigurar el mapa de poder en todo el norte argentino.
Para elevar la discusión más allá de las rencillas provinciales, Chaher llevó el debate directamente al plano nacional, planteando una pregunta que interpela a todo el arco político. Señaló que lo que verdaderamente está en juego es la definición de qué tipo de peronismo quieren los argentinos para el futuro cercano.
La disyuntiva, planteada con meridiana claridad, se reduce a una opción fundamental que definirá los próximos años. Se trata de decidir entre un peronismo que se plante firme frente a las políticas de Javier Milei o uno que se convierta en su aliado estratégico, un dilema que mantendrá en vilo al justicialismo por un buen tiempo.
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