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Opinión

Gustavo Sáenz se arriesga con la “estrategia del Tero”

Mientras el gobernador Gustavo Sáenz despliega una curiosa y silenciosa coreografía política, las encuestas empiezan a mostrar algunos movimientos telúricos en el siempre inquieto tablero provincial

Gustavo Sáenz

SALTA.- (Por Diego Nofal) Mientras el gobernador Gustavo Sáenz despliega una curiosa y silenciosa coreografía política, las encuestas empiezan a mostrar algunos movimientos telúricos en el siempre inquieto tablero provincial. Hace poco más de un mes el periodista Mario Peña difundió una encuesta de la que no entregó demasiados detalles ni la firma responsable del estudio. La presentación fue un tanto escueta casi minimalista diría yo porque no contó quién le había hecho el trabajo ni tampoco dio muchas precisiones metodológicas del relevamiento estadístico que aseguraba tener en sus manos. Solamente soltó los resultados con la misma solemnidad con la que un mozo anuncia que ya no quedan más empanadas de charqui en el mostrador.

Contó que el candidato que más había crecido en las encuestas de intención de voto provincial era Juan Manuel Urtubey, impulsado específicamente por el creciente rechazo a las políticas del presidente Javier Milei. Muchos de los periodistas que vimos el material que había presentado Peña decidimos hacer lo que dicta la prudencia profesional o sea ignorarlo olímpicamente ya que no había dado precisiones claras sobre cómo había sido realizado ese enigmático trabajo estadístico. Sin embargo y para nuestra sorpresa colectiva aparentemente había bastante más verdad de la que creíamos en lo que contaba Mario Peña aquella tarde de confesiones y números esquivos.

Porque durante las últimas dos semanas hemos asistido a un espectáculo tan previsible como una siesta interrumpida por un corte de luz en pleno enero salteño. Todos los funcionarios cercanos al gobernador Gustavo Sáenz salieron con los tapones de punta a atacar sin miramientos ni anestesia al gobierno de la nación que comanda el economista libertario. Criticaron con fervor inusitado las políticas públicas nacionales la evidente y ya crónica falta de fondos frescos para las provincias y los ajustes que vienen aplicando con motosierra y bisturí según la ocasión. También se quejaron con razón del deplorable estado de las rutas nacionales y de tantas otras falencias muy graves que aquejan al gobierno de Javier Milei.

Parecía que en el Grand Bourg se había declarado una suerte de rebelión fiscal y discursiva bastante ruidosa contra la Casa Rosada. Sin embargo y aquí es donde la trama se vuelve digna de una novela de misterio con viento Zonda de fondo el único que mantuvo la boca curiosamente cerrada fue justamente el gobernador Gustavo Sáenz. Mientras sus laderos más cercanos tronaban contra los cielos porteños con una furia muy norteña el mandatario provincial optó por el silencio estratégico y una sonrisa que vale más que mil discursos.

De hecho, y por el contrario a los gestos de enojo de su propia tropa, Sáenz mandó a sus más fieles huestes legislativas a votar de manera bastante explícita a favor de modificar la sensible y controvertida ley de glaciares y de protección de ambientes periglaciares. También movió los hilos necesarios para brindarle apoyo político al jefe de gabinete Manuel Adorni con el noble fin de evitar que el funcionario nacional tenga que comparecer ante el poder legislativo para ser sometido a una interpelación que seguramente hubiera sido bastante incómoda.

Debo confesar en este punto y sin temor a que me acusen de sentimental que ninguno de mis dos abuelos vive para ver este valle de lágrimas y negociaciones cruzadas. Creo a esta altura de la película que prácticamente es una suerte para ellos haberse ahorrado este espectáculo porque eran dos viejos nacionalistas de aquellos que se tomaban el vino patero escuchando zambas de Cafrune y se ponían de pie con la escarapela puesta cada nueve de julio. Estoy seguro de que se hubieran muerto de vergüenza literal y figuradamente viendo el estado de entrega o al menos de sumisión estratégica en el que parece estar sumido ahora nuestro otrora orgulloso país federal. Con la mano en el corazón y un nudo en la garganta debo decir que los imagino arrancándose los bigotes o tirándose de los pocos pelos que les quedaban en la cabeza.

Lo que estoy convencido y aquí viene la lectura zoológica de la política local es que ambos hubieran coincidido en que esta maniobra se llama la estrategia política del tero. El tero es un pájaro norteño y gritón habituado a poner los huevos con mucho sigilo en un lugar algo apartado para luego instalarse en otro sitio completamente distinto y algo más seguro. Desde esa nueva posición comienza a dar agudos y desesperantes gritos que parecen venir de todas partes intentando confundir a los depredadores o incautos que quieran robarle sus preciados huevos o sus tiernos pichones emplumados. Es prácticamente lo que está haciendo con notable despliegue escénico el gobernador Gustavo Sáenz dentro de la geografía política de la provincia de Salta.

Por un lado quiere mostrarse opositor furibundo para subir unos puntitos en las encuestas locales y contener el malestar creciente contra el ajuste nacional. Por el otro lado y en el frente nacional busca mostrar su perfil más oficialista y colaboracionista para ver si logra ligar alguna dádiva nacional que lo ayude a ordenar las alicaídas y bastante magulladas cuentas de la provincia. El problema de fondo y esto es algo que seguimos cometiendo desde los círculos de poder es que subestimamos de manera sistemática y casi olímpica la inteligencia del votante común y corriente.

Seguimos pensando que la gente no se da cuenta de este tipo de jugarretas que huelen a vieja política de pasillos y acomodos y que la memoria del electorado dura menos que un suspiro en la Quebrada del Toro. El gobierno provincial ya se ha encontrado con dos desagradables y muy ruidosas sorpresas en el último tiempo una fue perder la capital en las elecciones provinciales y otra fue recibir una paliza electoral de proporciones bíblicas en los últimos comicios nacionales. Habrá que ver entonces si la tan mentada estrategia del tero le sirve al gobernador de la provincia para remontar el vuelo o si simplemente es otro de los pésimos y desacertados consejos que le dan sus asesores políticos más cercanos.

Porque en Salta todos sabemos que el tero grita mucho y corre de un lado para otro de manera frenética pero al final del día y cuando baja el sol el nido suele quedar bastante más expuesto y vulnerable de lo que el ave supone con tanto aspaviento y carrera nerviosa por el rastrojo.

La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
X @turconofal.