SALTA (Por Renato Ocampo).- En el marco del lanzamiento de la Semana de Vacunación, el ministro de Salud de Salta, Federico Mangione, ofreció un discurso ante la prensa, que osciló entre la disculpa pública y la cruda descripción de un sistema sanitario que lucha contra el resurgimiento de enfermedades y la escasez de recursos.
Con un tono marcado por la emocionalidad, el funcionario intentó matizar sus polémicas declaraciones previas sobre la obligatoriedad de las vacunas, reconociendo: “Quiero pedir disculpas si hay gente que se haya molestado por mi comentario la última vez que los padres que no vacunen tenían que ir presos, pero es lo que siento porque estoy desesperado”.
Esta “desesperación” de Mangione no parece ser solo una figura retórica, sino una respuesta directa a la realidad de las salas de cuidados críticos. “Estoy desesperado porque yo sí veo estos chicos que están entubados y que están en el borde de la muerte”, afirmó, lanzando una crítica velada a los movimientos antivacunas al señalar que ellos “no están al lado de esos papás explicándole por qué se está muriendo su hijo”.
Para el ministro, la gestión se resume en una premisa básica: “nosotros, al vacunar, prevenimos todas esas complicaciones. Curamos, por eso hablamos siempre, de salvar vidas”.
Sin embargo, el titular de la cartera sanitaria admitió que su estilo frontal es una herramienta comunicativa consciente. “Digo lo que siento, digo lo que pienso, y a veces es la forma que yo quiero llegar y que me presten atención”, sostuvo, minimizando las críticas personales al asegurar que “así me hayan agredido, no me interesa. Yo quiero proteger a los chicos”.
Según su diagnóstico, el retroceso en la cobertura se debe a que, tras la pandemia, “la gente ha quedado con miedo”, una situación que habría sido aprovechada por ciertos grupos para “inventar un montón de cosas”.
Según los propios datos de Salud, la cobertura de vacunas en menores de 1 año es del 19%, mientras que en niños de 1 año apenas asciende al 22%. En menores de entre 6 a 24 meses la vacunación antigripal alcanza el 40%.

Una realidad epidemiológica preocupante para Salta
La realidad epidemiológica que describió Mangione es preocupante y pone en duda la eficacia de las campañas previas. “Nos han aumentado casos de pacientes que antes no existía de tuberculosis en menores de cinco años, varicela, sarampión, montón de cosas que han comenzado a aparecer porque no estamos vacunando”, advirtió, haciendo un llamado urgente a no esperar a que los hospitales se “abarroten” para tomar conciencia. En este sentido, apeló a la ética colectiva: “al chico no le quitemos ese derecho”.
La gestión de Mangione también enfrenta el duro frente económico y la degradación de la infraestructura, un punto donde el ministro admitió priorizar las urgencias sobre el mantenimiento básico. Con una honestidad que podría interpretarse como una claudicación ante el estado de los edificios, sentenció: “Si a mí me piden ustedes que yo arregle un techo de un centro de salud o compre medicamento o compre drogas oncológicas, toda la vida voy a elegir medicamento y droga oncológica”.
Esta decisión, según él, está forzada por una “situación compleja” donde la Nación ha suspendido programas clave como el Plan Remediar. En este escenario, Mangione reivindicó un federalismo donde la provincia debe cubrir lo que Nación abandona: “estamos peleando, para que Nación se haga cargo de lo que corresponde”.

Mangione, sobre el conflicto con anestesistas
Finalmente, el ministro se refirió al conflicto con los anestesistas, desmarcándose de las acusaciones de criminalización que circularon en algunos medios. “Yo jamás lo traté de mafioso”, aclaró respecto al sector, definiéndolos como “un grupo de profesionales que armaron una sociedad y están peleando por sus intereses”. Tras alcanzar un acuerdo que calificó de histórico, Mangione anunció el envío de quince nuevos profesionales al interior provincial, mientras busca articular con el IPS para paliar el fenómeno de los afiliados que, ante la crisis, terminan atendiéndose en hospitales públicos porque “estamos dándoles muchos servicios”.
Así, entre la gestión de la crisis y la vehemencia discursiva, Mangione intenta conducir una salud pública salteña que, por ahora, parece sostenerse más en la «inversión» de emergencia que en la estabilidad estructural.