SALTA.- (Por Renato Ocampo) En una sesión que duró poco más de una hora, la mitad del tiempo se fue en manifestaciones alejadas totalmente de la realidad de Salta. En el teatro de lo absurdo en que se ha convertido la política municipal, asistimos a una función donde la puesta en escena lo es todo y la sustancia, absolutamente nada.
El intendente Emiliano Durand ha perfeccionado una técnica que debería ser estudiada en las facultades de marketing, aunque quizás repudiada en las de ética pública: la habilidad de capitalizar la angustia ajena y la memoria histórica con un costo fiscal cercano a cero, pero con un rédito publicitario incalculable.
Comencemos por la «gesta» del cementerio San Antonio de Padua. Se nos presenta como una epopeya de «sensibilidad» el simple hecho administrativo de trasladar los restos de tres héroes de Malvinas desde un tercer piso hasta la entrada.
La concejal Alicia Vargas, en un arrebato de oratoria que rozó el melodrama, llegó a decir que el acto la llevó «hasta las lágrimas», destacando una y otra vez la «sensibilidad que tiene el intendente Emiliano Durand» por escuchar un pedido de 30 años.
Sin embargo, el velo de la emoción se rasga cuando la realidad se impone: resulta patético que, mientras afirmaba que con este mausoleo los caídos «recuperaron su nombre, su historia y el lugar que siempre merecieron», la edil tuviera que leer los nombres de los homenajeados de un papel. Es el síntoma inequívoco de un homenaje de cartón: se llora ante las cámaras por nombres que ni siquiera se conocen de memoria.
Pero el cinismo alcanza su cenit con el lanzamiento de «Labura Ya». En un contexto de crisis asfixiante, el intendente tuvo la astucia de aprovechar el 1 de mayo, Día del Trabajador, para vender un bot de WhatsApp con inteligencia artificial como la panacea contra el desempleo.
El concejal Gustavo Farquharson, que además es el “Brodi” de Emiliano con sus aventuras por los cerros, actuó como el mejor de los promotores de ventas y celebró esta «herramienta fundamental» asegurando que son estas las políticas que «hacen que nuestra sociedad esté un poco mejor».
Es, cuanto menos, un insulto a la inteligencia de los salteños pretender que un chat que conecta oficios con clientes (una versión estatal y precaria de aplicaciones que existen hace una década) es la respuesta del Estado ante un «escenario muy complejo» donde «mucha gente está sin trabajo». Farquharson intenta revestir de «rol del Estado» lo que no es más que una maniobra de distracción tecnológica: hacer creer a quien no tiene para comer que su solución vendrá de un algoritmo desarrollado a costo nulo por el municipio.
Lo que une ambos episodios es la maestría en el uso de temas y situaciones sensibles, para alimentar el ego de una gestión que prefiere los fuegos artificiales de la imagen propia por sobre la gestión real. Para Durand y sus concejales coristas, la política no es el arte de lo posible, sino el arte de lo invisible; hacer que nada parezca todo, y que el oportunismo más crudo sea vendido como la más pura sensibilidad social.