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Opinión

El fetichismo de las formas en Salta: trajes de ocasión, café de protocolo y una Capital sin destino

Lo que debió ser un hito de la deliberación republicana terminó reducido a cuatro jornadas de una pobreza intelectual alarmante.

Carta Orgánica

SALTA – El epílogo de la Convención Municipal expone la primera gran paradoja de la reforma: el texto de la Capital, moldeado bajo la hegemonía de La Libertad Avanza, quedó en suspenso y todavía no tomó estado parlamentario en la Legislatura provincial.

Mirar la política salteña a través del prisma de sus reformas institucionales suele ser un ejercicio de melancolía. Quien observe el recorrido de las cartas orgánicas municipales en la Legislatura provincial durante este 2026 —Tartagal, El Carril, Embarcación, Rosario de la Frontera— se encontrará con un paisaje de monotonía parlamentaria. Un trámite exprés, casi burocrático: el discurso previsible del miembro informante, el elogio corporativo a los convencionales de turno, explicaciones intrascendentes, debates cortísimos y la sanción definitiva. Una coreografía ensayada donde el conflicto se disuelve en la complicidad del pago chico

Sin embargo, el reloj político se detiene cuando el expediente lleva el nombre de la Capital. La Convención Municipal de la ciudad de Salta clausuró este viernes un proceso de 90 días destinado a parir la primera reforma significativa de su Carta Orgánica en casi cuatro décadas. El resultado formal es un texto que abarca desde la duración de los mandatos y el control presupuestario hasta la controvertida inclusión de la cláusula de la «vida desde la concepción» en los derechos vecinales, pasando por tensiones con las cámaras empresariales por la promoción turística. Pero el verdadero dato político no es la letra chica del articulado, sino el vacío. El texto final se aprobó con la mayoría mecánica de La Libertad Avanza (LLA) y el rechazo en bloque de la oposición.

Para que esta reforma tenga vida jurídica, el artículo 174 de la Constitución provincial exige el visado de la Legislatura. Un proceso de compatibilización que determine si el texto local colisiona o no con la ley madre de la provincia. Y es allí, en el recinto de los diputados, donde el oficialismo provincial espera con el cuchillo entre los dientes. La reforma capitalina aún no ingresó, no tomó estado parlamentario y ya habita en el purgatorio de la especulación política. El debate que los libertarios clausuraron en la Convención se reabrirá, de manera inevitable, bajo el control del Grand Bourg.

La puesta en escena de la precariedad

Hay una desconexión dramática entre la pomposidad del lenguaje oficial y la indigencia del debate real. El senador nacional Gonzalo Guzmán Coraita, quien presidió el cuerpo con una gestión que dejó un persistente gusto a poco, proclamó con aires refundacionales: “Entregamos, orgullosos, una carta en donde se destacan las palabras transparencia, libertad, idoneidad, control”, dijo el senador, sin ponerse colorado.

Detrás del decorado de las palabras solemnes, la crónica de las sesiones describe un espectáculo tributario de la peor calidad televisiva. Lo que debió ser un hito de la deliberación republicana terminó reducido a cuatro jornadas de una pobreza intelectual alarmante. Convencionales de dudosa alfabetización institucional esgrimieron ideas —o la flagrante ausencia de ellas— más preocupados por la estética que por el concepto. Oficiaron de actores de reparto con «cara de prócer», clavando la mirada en la cámara de la transmisión de ‘streaming’ para agradecer los saludos de los vecinos, en lugar de dirigir sus argumentos a la presidencia. Una puesta en escena precaria, donde la densidad jurídica fue reemplazada por el plano medio de la pantalla.

Esa precariedad es la que dejó el tendal de flancos abiertos. LLA impuso su número pero exhibió su inexperiencia. Tuvo que retroceder ante el universo corporativo del turismo cuando intentó limitar la participación del Estado en las políticas de promoción, y encendió las alarmas de la calle con la protesta de la Asamblea Lesbotransfeminista frente al Concejo Deliberante. La prepotencia de la mayoría evitó el consenso, pero trasladó la crisis hacia adelante.

El filtro del oficialismo provincial

La paradoja es total. Los libertarios salteños celebran la autonomía municipal y el ejercicio del poder constituyente local, pero el destino de su criatura depende ahora de los diputados del oficialismo provincial.

A diferencia de los trámites amigables del interior, la carta de la Capital será sometida a una autopsia política rigurosa. En los pasillos de la Legislatura ya se anticipa la estrategia: los diputados que responden al gobernador no se limitarán a un control formal de constitucionalidad. Utilizarán el filtro del artículo 174 para someter a examen la labor de los convencionales libertarios, desmenuzar las inconsistencias técnicas de una redacción apresurada y pasarle factura política a un espacio que pretendió refundar la ciudad ignorando al resto del arco político.

La reforma de la Carta Orgánica de la Capital quedó, así, atrapada en las redes del poder provincial. Lo que los convencionales libertarios diseñaron mirándose al espejo de la transmisión digital deberá revalidarse ahora en el barro de la negociación legislativa. La gran transformación institucional de la ciudad de Salta ha quedado suspendida, a la espera de que los dueños de los votos en la Legislatura decidan si le otorgan la mayoría de edad o si la condenan al archivo por defecto de fabricación.

Al final del día, el balance de estas jornadas legislativas deja un sabor amargo, más cercano al sainete que a la gesta constitucional. Para el grueso de los convencionales, el paso por el recinto no fue el laboratorio de la Salta del futuro, sino apenas la excusa perfecta para desempolvar del ropero aquel traje arrumbado desde el último casamiento familiar o alguna remota cena de egresados; una oportunidad litúrgica para simular el peso de la República mientras se consumía cafecito gratis y se protagonizaba una transmisión de streaming con un rating tan esquelético como el propio debate.

Esa puesta en escena, frívola y ensimismada, contrasta de manera dramática con la realidad de una capital salteña que arrastra, desde hace años, una profunda desolación intelectual. La ciudad padece un estado de abandono de ideas alarmante, asfixiada por problemas estructurales crónicos, una ausencia total de planificación urbana y una alarmante falta de oportunidades para sus ciudadanos. Mientras la dirigencia se miraba en el espejo de una cámara web, la realidad de la calle seguía su curso de postergación. Pobre Salta.