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Opinión

El debut de la Scaloneta pone a prueba la fidelidad de la dirigencia en el Monumento a Güemes

En los pasillos del Grand Bourg, donde la especulación política suele correr más rápido que la gestión, la tensión por el inédito fixture del 16 de junio ya fracturó la habitual parsimonia oficial.

Martín Güemes

SALTA.- (Redacción El Intra) Hay encrucijadas que desnudan la verdadera densidad conceptual de una dirigencia política mejor que cualquier encuesta de opinión pública. No nos referimos aquí a las complejas negociaciones fiscales, ni a los laberintos de la coparticipación federal, sino a un dilema de naturaleza mucho más profunda, casi ontológica, que por estas horas quita el sueño al ecosistema gubernamental de Salta.

El detonante, como suele ocurrir en los tiempos que corren, fue un estímulo digital. El secretario de Modernización, Martín Güemes, en un rapto de vanguardismo tecnológico, decidió someter a la Inteligencia Artificial de Google, Gemini, a una prueba de fuego: fusionar en una sola imagen la solemnidad del General Martín Miguel de Güemes con la devoción pagana por Lionel Messi. El resultado, un posteo que interroga con tono de encuesta escolar: «¿Qué vas a hacer vos? ¿Vas al Monumento o te quedás viendo el partido?». La Selección debuta en el Mundial a las 22:00 hs de ese mismo 16 de junio, la noche donde la tradición manda vigilar las estrellas y encender los fogones.

Mientras el funcionario mitiga las tensiones de la gestión ensayando prompts de IA, el verdadero drama se propaga en los subsuelos del poder. En esa fauna indescifrable que en la jerga de pasillo denominamos la «agrupación palco». Es decir, esa densa capa geológica de funcionarios de segunda y tercera línea, concejales y convencionales que no cargan con el peso de la representación institucional obligatoria, pero que han hecho de la presencia física un culto y una carrera.
Para este sector, el 16 de junio no es solo una fecha patria; es el Lollapalooza del posicionamiento político local.

La coreografía es anual y predecible: el poncho salteño reglamentario al hombro, la caminata cansina pero firme por el Paseo Güemes y, al llegar al Monumento, el inicio de la verdadera batalla: el «pechazo» contra las vallas. Es allí donde se dirime el estatus. El tradicional e indignado «¿Usted sabe quién soy yo?» lanzado al policía de turno —que observa la escena con una mezcla de azoramiento y resignación— funciona como el salvoconducto para acceder al VIP de la función patriótica.

El objetivo de esta liturgia es estrictamente utilitario. No hay allí mística güemesiana, sino una desesperada pulsión por el encuadre. Se trata de llegar lo más cerca posible del Gobernador, lograr que la lente de la transmisión oficial capture el perfil supuestamente consustanciado con la causa, entonar las estrofas del Himno a Güemes (ensayadas con rigor la tarde anterior) y coronar la jornada con un posteo en redes sociales. Fotos solemnes acompañadas de epígrafes con menos profundidad que un charco de agua tras una llovizna de invierno.

Sin embargo, el fixture de la FIFA ha introducido una variable desestabilizadora. El dilema es total. Tras el desconcierto inicial de tener que googlear la ubicación geográfica de Argelia, las terceras líneas han comenzado a presionar con una demanda que roza el absurdo: ¿Habrá pantalla gigante al pie del Monumento? La fantasía de cantar el himno al héroe gaucho mientras se espía el debut de la Scaloneta de reojo es el escenario ideal para el burócrata promedio. El poncho y la tribuna en perfecta comunión.

En la cúspide de la pirámide, el panorama es distinto, acaso más pragmático. Las primeras líneas del gabinete, aquellas que no necesitan la foto para ratificar su existencia en el decreto de designación, ya ensayan salidas más elegantes. En los despachos más encumbrados no se habla de pantallas gigantes, sino de la viabilidad de alguna oportuna «carpeta médica». Un cuadro gripal o una indisposición digestiva que los «salve» del frío del pie del monumento y les permita recluirse en la calidez de un quincho, donde el debate táctico se resuelva entre un asado y un buen tinto salteño.

En los pasillos del Grand Bourg, donde la especulación política suele correr más rápido que la gestión, la tensión por el inédito fixture del 16 de junio ya fracturó la habitual parsimonia oficial. Mientras las terceras líneas peregrinan con desesperación en busca de certezas sobre la logística técnica del Monumento, en los despachos del ala más política del gabinete el pragmatismo cedió paso a la furia. Varios funcionarios de peso ya pusieron el grito en el cielo ante el desbande de ausencias que se perfila de cara al debut de la Selección. «Ni se les ocurra dejarlo solo a Gustavo», fue la orden tajante, casi un ultimátum, que empezó a eyectarse desde las terminales de máxima confianza del gobernador Sáenz.

Saben perfectamente que, en la implacable semiótica del poder salteño, una postal con un palco ralo al pie del General Güemes no sería leída como una simple distracción futbolera, sino como una peligrosa deserción en la tropa propia justo en la noche donde la lealtad se mide por el frío que se está dispuesto a soportar.

En el reverso de la moneda, allí donde anidan los cuarteles locales de La Libertad Avanza, la superposición del fixture no generó el más mínimo debate táctico. Para el universo libertario salteño, la fecha patria no representa un problema de agenda ni un dilema de conciencia. Ocurre que el implacable centralismo del Gobierno Nacional no solo licuó las partidas presupuestarias, sino que también impactó de lleno en sus efemérides, moldeando un manual de prioridades donde el folclore norteño cotiza a la baja ante la liturgia de la centralidad porteña. Lejos de la desesperación por el encuadre oficial, la dirigencia de las fuerzas del cielo en Salta se aferra, con una mezcla de pragmatismo y comodidad, a la misma excusa conceptual que vienen ensayando desde hace más de tres años para eludir el frío de la noche güemesiana: el purismo ideológico de no querer compartir la foto con el gobernador Sáenz. En fin, el 16 de junio sabremos, finalmente, qué cotiza más alto en el mercado de la ambición oficial: si la mirada de bronce del General o la magia del diez.