SALTA.- (Por Renato Ocampo) El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, parece haber perfeccionado el arte de la omnipresencia política. Mientras en los medios nacionales se presenta como el capitán del federalismo que reclama contra las asimetrías del gas, en los despachos de la Casa Rosada y en los actos protocolares se muestra como un aliado estratégico capaz de capitalizar la atención del gobierno de Javier Milei. ¿Está gestando un proyecto nacional o negociando el despeje de pista para su tercer mandato?
Esta dualidad no es casualidad, sino parte de un despliegue mediático y político que busca posicionarlo en el tablero nacional, ya sea para un armado federal el año próximo o para garantizarse un camino sin obstáculos hacia un tercer mandato.
La señal más contundente de este vínculo ambivalente se dio recientemente con la inauguración de la primera estación RefiPlus del país en Salta.
No fue un corte de cinta más: la presencia de Horacio Marín, presidente de YPF, al lado de Sáenz, constituye una muestra de respaldo político feroz por parte del Gobierno nacional. Que Salta haya sido elegida para lanzar esta marca nacional y que 16 de las 50 estaciones proyectadas se instalen en la provincia es un «mimo» que pocos gobernadores pueden exhibir hoy. Marín incluso apeló a la fibra regionalista al destacar que el proyecto respeta la historia de Refinor y su origen en Campo Durán.
Sin embargo, este idilio convive con una calculada «ofensiva» mediática. Sáenz ha redoblado su presencia en canales porteños, utilizando un tono que roza lo épico para denunciar que el norte paga el gas más caro mientras el centro del país «despilfarra». Ha sumado a las cámaras empresariales locales para presionar al ministro Luis Caputo por el suministro energético, advirtiendo que la falta de gas de Vaca Muerta pone en riesgo la producción y el empleo en la región. Es un movimiento audaz: presiona con una mano mientras con la otra estrecha la de Diego Santilli y Eduardo «Lule» Menem en Casa Rosada para coordinar obras y políticas de desarrollo.
Las sospechas en los pasillos de la política salteña y nacional son claras: ¿está Sáenz armando una estructura federal para saltar a una candidatura nacional en 2027 o está «comprando» la paz con Milei para asegurar su re-reelección? El discurso de «reglas claras» y «seguridad jurídica» que esgrimió ante la Cámara de Comercio Argentino Británica parece no solo estar dirigido a los inversores mineros, sino a su propia situación política. Al presentarse como el garante de una «provincia minera» que crece a pasos agigantados, Sáenz se vuelve una pieza necesaria para la administración libertaria.
El riesgo de este equilibrismo es la pérdida de identidad. Mientras algunos sectores lo critican por ser, según voces opositoras, funcional a la entrega de recursos nacionales a cambio de «migajas», el gobernador sigue tejiendo. Su capacidad para pasar del reclamo airado por el gasoducto Reversal Norte a los abrazos con funcionarios nacionales sugiere que su verdadera prioridad no es una batalla ideológica, sino la preservación del poder.
Gustavo Sáenz ha comprendido que en la era de Milei, el impacto se mide en minutos de aire y en fotos con los dueños de la billetera. Ya sea como candidato a presidente de un frente federal o como un gobernador que pacta una «baja competencia» para su tercer mandato, Sáenz está jugando su partida más ambiciosa. El tiempo dirá si las «reglas claras» que pide para Salta terminan siendo las reglas que le permitan perpetuarse en el Grand Bourg o desembarcar definitivamente en Buenos Aires.