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Opinión

Gustavo Sáenz agita el fantasma de la «proscripción» de cara a 2027

Sáenz no solo esquivó el corset legal que limita las reelecciones, sino que contraatacó recordando que la jurisprudencia local ya fue flexible con otros dirigentes

Gustavo Sáenz

SALTA – La calma chicha de la política salteña crujió con fuerza. Lo que pretendía ser una rueda de prensa habitual en el marco de los homenajes al General Martín Miguel de Güemes se transformó en el kilómetro cero de la batalla legal y política por la sucesión —o continuidad— en el Grand Bourg. Gustavo Sáenz tiró la piedra, midió el impacto y dejó flotando una palabra que, en el manual de la política argentina, equivale a declarar el estado de guerra: proscripción.

¿Habilitación jurídica o blindaje político?

Consultado sobre si el calendario electoral de los próximos años lo tendrá nuevamente en la boleta para un tercer mandato, el mandatario ensayó primero la clásica finta de manual al asegurar que no tiene eso en mente porque falta mucho tiempo y el grave problema de los argentinos es que están todos pensando en las elecciones. Sin embargo, el verdadero sismo político llegó con la repregunta sobre las limitaciones constitucionales.

Sáenz no solo esquivó el corset legal que limita las reelecciones, sino que contraatacó recordando que la jurisprudencia local ya fue flexible con otros dirigentes como intendentes, concejales y legisladores que compitieron sin mayores trabas. Al ser consultado sobre si a él se le debería aplicar la misma vara, el gobernador fue contundente al afirmar que si no lo dejan presentarse, lo estarían proscribiendo.

La frase no es inocente. Al instalar el concepto de proscripción, Sáenz no solo abre la puerta a una futura batalla jurídica en los tribunales, sino que se planta como víctima de un eventual veto político de la oposición. Con esta definición, el debate ya no es si la Constitución lo permite, sino quién se anima a bajarlo de la carrera.

Consecuencia electoral y el dardo a los «bilingües» de las PASO

El gobernador aprovechó el micrófono para exhibir coherencia frente al escenario nacional y, de paso, facturarle las contradicciones a la oposición local. Respecto al debate por la eliminación de las PASO nacionales, Sáenz se alineó con la postura de austeridad y practicidad que ya aplicó en Salta, sosteniendo que si se eliminaron a nivel provincial «sería una locura» no hacerlo en el plano federal.

En ese mismo sentido, criticó con dureza a los legisladores del «otro equipo» que en la provincia defienden un sistema y en el Congreso de la Nación votan lo contrario. Para sentenciar su postura, remarcó que «en la vida hay que ser consecuente con lo que uno piensa» y hacer las cosas de acuerdo a esos ideales.

Distancia de los escándalos de la Rosada

El tablero político nacional también formó parte del menú. Al ser consultado sobre la situación judicial y los cuestionamientos que rodean al Vocero Presidencial, Manuel Adorni, Sáenz ejecutó un prolijo desmarque, enviando el problema de vuelta a Balcarce 50 al señalar que se trata de un tema muy personal donde la Justicia debe actuar rápidamente, y que es una preocupación que debería tener el propio Gobierno nacional por tratarse de un funcionario de su administración.

Inmediatamente después, el salteño utilizó esa pregunta como trampolín para marcar la agenda de la economía real y recalcar la distancia que separa las internas porteñas de las urgencias del interior profundo. El mandatario enfatizó que su verdadera preocupación pasa por el gas de los salteños, el estado de las rutas, la falta de medicamentos oncológicos, la caída del consumo, las empresas que cierran y la gente que se queda sin trabajo porque no llega a fin de mes.

Si bien Sáenz llevó tranquilidad a los usuarios domiciliarios garantizando el gas residencial para este invierno, advirtió que el sector industrial sigue en zona de riesgo por la falta de previsión federal en las obras de reversión necesarias para el norte argentino.

El termómetro de la calle frente al ranking de las encuestas

Finalmente, el mandatario le restó valor a los sondeos de opinión que miden el pulso de los gobernadores a nivel país y prefirió apelar al contacto directo. Expresó que «no le cree a las encuestas sino a la gente» y a las sensaciones que experimenta al caminar por las calles tranquilo y saludar a los vecinos con la certeza de estar haciendo las cosas bien, más allá de los errores humanos cotidianos.