SALTA.- (Por Diego Nofal) Gustavo Sáenz rompió el silencio y habló de su segunda reelección, asegurando que si no lo dejaran presentarse se trataría de una proscripción, y ya empezó a hablar como quien arría las banderas políticas con un dramatismo que evoca viejos discursos peronistas. En su entorno político todos están seguros de que el mandatario irá tras una nueva reelección, aunque en los estratos judiciales empiezan a dudar seriamente de la posibilidad de que la Corte Suprema de Justicia le dé el visto bueno. Los antecedentes en la Corte no son uno solo, son varios y de casos bastante similares, lo que alimenta la incertidumbre jurídica y despierta el apetito de quienes sueñan con heredar el trono provincial. Por eso Ignacio Jarsún, actual ministro de gobierno, y Sergio Camacho, el jefe de gabinete, han lanzado una campaña sigilosa pero firme para obtener la bendición de Gustavo Sáenz de cara al próximo año, una jugada tan audaz como peligrosa.
Esto implica que ambos están prácticamente asegurando que Sáenz no se presentará el próximo año, lo que podría ofender a los propios e inclusive al mismísimo gobernador si interpreta el gesto como una deslealtad. No obstante, el ministro de Gobierno y el jefe de ministros han copado los medios y han empezado a caminar no solo la ciudad sino la provincia, buscando subir su imagen de cara a las próximas elecciones.
Recordemos que Jarsún tiene la juventud, la energía y la facha para encarar una campaña, lo que le falta claramente es formación académica, ya que el ministro de gobierno apenas terminó la secundaria. Algunos lo ven como un potro desbocado, con un carisma que llena salones pero con una biblia curricular tan delgada que cabe en un folleto de los que reparten en las esquinas.
Enfrente tiene al jefe de los ministros, Sergio Camacho, un ingeniero con muchísimo andar dentro de la profesión y dentro de la política misma, que cuenta con el apoyo de numerosos empresarios y la paciencia de un ajedrecista. Camacho se maneja entre las aguas del poder como un ágil salmón, una comparación que a él mismo le gusta repetir y que a sus adversarios les produce una mezcla de respeto y acidez estomacal.
Es un rival complicado para el ministro de Gobierno porque mientras Jarsún confía en su frescura y en las selfies, Camacho despliega pergaminos académicos y una red de contactos que abarca desde tabacaleras hasta la Cámara de Comercio. Así las cosas, la pulseada tiene un condimento muy actual que enfrenta a la juventud y la calle digital contra la experiencia y el currículum político, dos funcionarios de primera línea pidiendo la venia para suceder a un gobernador que ni siquiera se ha bajado de la pelea
Por ahora no se sabe si alguno de los dos va a obtener la bendición del mandatario o si por el contrario recibirán un reto por osar suponer que Gustavo Sáenz no se presentará. En el mientras tanto, los salones de la Casa de Gobierno parecen un reality show donde los participantes sonríen a cámara pero esconden los dedos cruzados detrás de la espalda, esperando la señal del líder.
La paradoja es que mientras Sáenz clama proscripción, sus propios soldados ya ensayan el saludo de sucesor, una coreografía que en política suele terminar con aplausos o con un portazo. Lo único seguro en esta trama salteña es que el camino al 2027 será tan sinuoso y hay que andarlo despacio, si te vas al pasto en alguna curva, no solo tal vez no vuelvas a la ruta o peor aún, algún tapado, que venga corriendo desde atrás te lleve puesto y te deje fuera de la carrera para siempre.