SALTA – La política salteña suele regalar postales donde la necesidad de la gente y la estrategia electoral se cruzan sin pedir permiso. Tras meses de un indisimulable distanciamiento y ruidos de pasillo, el gobernador Gustavo Sáenz y el intendente Emiliano Durand escenificaron una tregua política. El escenario elegido no fue un despacho, sino un video en redes sociales filmado desde la mítica Finca Las Costas, donde se los vio sonrientes, cómplices y anunciando una actividad conjunta: la «Feria de la Carne».
La iniciativa, impulsada por la Municipalidad de Salta, prometía un alivio directo al bolsillo: descuentos del 50% en cortes de carne vacuna, pollo y pescado. Sin embargo, la postal del éxito de convocatoria desnudó, al mismo tiempo, la crudeza de la crisis económica y las asignaturas pendientes de ambas gestiones.

Cumbia, filas desde las 6 AM y la realidad del bolsillo
Desde las seis de la mañana, cuando el frío todavía calaba hondo, una marea de vecinos de todos los barrios de la capital —e incluso de municipios aledaños— comenzó a agolparse en Plaza España. Para cuando abrieron las carpas municipales, las filas ya eran kilométricas.
La puesta en escena comunal incluyó un fuerte despliegue de empleados para organizar el predio y cumbia a todo volumen para matizar la espera. Una postal típicamente populista para un evento que, si bien significó un alivio innegable para la mesa familiar, reflejó la urgencia de una sociedad golpeada.
El clima de fiesta y «unidad» duró hasta que los mandatarios llegaron al lugar para saludar a los presentes y se toparon con la realidad del periodismo de calle.
El 2027 en el horizonte: la furia de Sáenz por la reelección
Lo que comenzó como una recorrida de campaña de manual se transformó en un momento de altísima tensión política cuando los cronistas abordaron al Gobernador. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, la pregunta era lógica y de cajón: ¿Irá Sáenz por un tercer mandato en 2027?
La consulta descolocó al mandatario, quien visiblemente ofuscado ensayó una gambeta: «Ahora estoy con esto, no es momento de ver una candidatura». Sin embargo, ante la repregunta incisiva del periodismo sobre la reforma constitucional que él mismo impulsó, el gobernador perdió la paciencia: «Eso lo está diciendo usted, es una decisión personal que la tomaré a su tiempo. Hoy le digo que la Constitución me habilita. Es un problema mío que lo veré a su tiempo», disparó Sáenz, dejando la puerta abierta a su continuidad pero evidenciando que el tema le incomoda sobremanera en el actual contexto social.
La tensión no terminó ahí. Los trabajadores de prensa también recriminaron a los funcionarios el padecimiento de los vecinos, parados desde la madrugada pasando frío para conseguir un pedazo de carne. Ante el reclamo, Durand optó por hacerse el distraído y mirar para otro lado, mientras Sáenz, molesto, se limitó a secamente decir que «a mi tampoco me gusta ver esto, ni a los jubilados haciendo fila en los bancos».
Una de cal y una de arena
Nadie puede negar que la «Feria de la Carne» tuvo una excelente aceptación popular y cumplió su objetivo de dar un respiro económico momentáneo. Pero en política, no todo lo que brilla es oro. Para el salteño de a pie, la iniciativa municipal tiene sabor a poco cuando se analiza el modelo de gestión de Durand.
Como dice el refrán, se trata de «una de cal y otra de arena». Mientras el municipio ofrece carne a mitad de precio en Plaza España, las ventanillas de la comuna no paran de facturar. Desde el inicio de su gestión, Durand aplicó un estrepitoso aumento de tasas municipales y una asfixiante carga impositiva a los comerciantes locales. Una política del «clin caja» —cómo diría un eximio legislador salteño— que contradice el discurso de alivio económico que se intentó vender en la jornada de hoy.
En definitiva, la jornada dejó en claro que la tregua tiene un costo político dispar. Con esta puesta en escena, el populismo de Durand terminó exponiendo de manera brutal al Gobernador: mientras el Intendente logró capitalizar el evento como el «salvador» de la mesa familiar —escondiendo detrás de la música y las ofertas su voracidad electoral—, dejó a Sáenz en la línea de fuego, desprotegido ante las cámaras y masticando rabia por una reelección que hoy es cuestionada.