Hace ya mucho tiempo que el Concejo Deliberante de Salta se convirtió en un problema crónico para los vecinos en lugar de ser la solución. Pasaron años desde la última vez que un salteño se levantó feliz un jueves porque desde el edificio de avenida República de Líbano salió un proyecto capaz de mejorarle la vida. Sin embargo, la última sesión dejó tela para cortar, con su presidente Darío Madile como protagonista.
En una reacción alérgica a la «Feria de la Carne» impulsada por la Municipalidad, el bloque de La Libertad Avanza propuso congelar las tasas municipales y reducir la carga tributaria a los comerciantes, buscando dar un alivio al asfixiado bolsillo salteño en lugar de liquidar al comercio local con ferias improvisadas.
Sabemos perfectamente del bajo vuelo legislativo que caracteriza al bloque libertario; por eso, que se les haya caído una idea aplicable a la realidad local es, en sí mismo, un auténtico milagro.
Este inesperado ataque de creatividad de la oposición libertaria hizo estallar de inmediato a los fanáticos del intendente Emiliano Durand. El oficialismo activó su escudo protector y salieron al cruce en manada: Eliana Chuchuy, Malvina Gareca, Laura García, Gustavo Farquharson, Alicia Vargas y hasta el propio Darío Madile, quien no aguantó las ganas, bajó del estrado presidencial y se puso el traje de combativo edil para defender acérrimamente las arcas municipales.
La insólita receta oficialista: Filas elogiadas y asfalto invisible
La concejal Eliana Chuchuy inició la coreografía oficialista militando la crisis. Destacó las largas colas en Plaza España como un «logro» de la gestión conjunta entre el municipio y los productores, usando el hambre de la gente para atacar el relato macroeconómico de Nación.
Para Chuchuy, que cientos de familias mendiguen un pedazo de carne a precio social es la prueba de que el salario no le gana a la inflación. Acto seguido, catalogó de «simpática y electoralista» la propuesta de congelar la Unidad Tributaria (UT), acusando a los libertarios de querer desfinanciar la obra pública que —según el libreto municipal— hoy se paga «con fondos propios».
Pero el plato fuerte llegó cuando Madile tomó el micrófono. Con el clásico tono de quien sobreactúa responsabilidad institucional, el presidente del cuerpo mandó a los opositores a «ponerse en el lugar del que gobierna» antes de tirar proyectos que calificó de «inviables y demagógicos«.
«Es muy fácil estar desde el otro lado y criticar (…), pero el que gobierna se da cuenta con acciones claras. ¿Se da cuenta con la cantidad de obras que vemos en todas las calles de la ciudad?«, lanzó Madile, en lo que pareció un chiste de mal gusto para cualquier salteño que diariamente rompe el tren delantero de su auto en los baches históricos de la capital.

Madile y el cinismo de la «empatía» municipal
En su encendido discurso, Madile se puso romántico relatando su visita a la escuela de mecánica municipal, maravillado porque los vecinos van a aprender a arreglar sus propias motos debido a que no les alcanza para pagar un mecánico. Lo que el concejal ve como un pilar de gestión, en realidad es la radiografía del fracaso: la gente busca desesperadamente sobrevivir en una ciudad que les cobra impuestos con valores del primer mundo pero les ofrece servicios del tercer mundo.
Con una soberbia notable, Madile chicaneó a la oposición: «Faltan aproximadamente más de 8 meses para la campaña, chicos… la necesidad de la gente no pasa por querer sumar dos votitos haciendo una ordenanza demagógica de que vamos a bajar los impuestos«. Sin embargo olvidó que su ahora jefe político, hace apenas días, lanzó su campaña para renovar la intendencia.










