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Opinión

Cambios en Seguridad: Nicolás Avellaneda se prueba el saco de ministro

Tras la salida de Gaspar Solá Usandivaras, el saencismo se inclina por un «outsider» del PRO con un pasado colmado de sombras en el control comercial y una ética política bajo la lupa. ¿Puede alguien que no supo ordenar a los manteros comandar a toda la Policía de Salta?

Nicolás Avellaneda

SALTA.- (Por Renato Ocampo) La designación de Nicolás Avellaneda como sucesor de Gaspar Solá Usandivaras al frente del Ministerio de Seguridad no es solo un cambio de nombres; es más una apuesta de especulación política que pone en jaque la eficiencia de una de las áreas más sensibles del Gobierno. Avellaneda, actual secretario de Seguridad, no es un hombre «orgánico» del saencismo de pura cepa. Su origen está en las filas del PRO, aunque hoy se cobije bajo el ala del «Frente Liberal Saencista”.

El fantasma de Control Comercial: manteros, contrabando y desorden

Para entender el riesgo de su ascenso, hay que volver a su gestión como Subsecretario de Control Comercial (2015-2019). Aquellos años en la Municipalidad de Salta quedaron grabados por el caos en el espacio público. Se lo señala por la nefasta organización y presuntos sobreprecios en las Ferias del Milagro, donde el descontrol era la norma.

Más grave aún es el recuerdo de la «zona liberada» en las peatonales: durante su gestión, era un secreto a voces la venta de espacios para ferias ilegales nocturnas y la llegada de camionetas que descargaban toneladas de mercadería de contrabando para los manteros en pleno centro, sin que su área moviera un dedo. Ese desgobierno recién encontró un límite cuando el cambio de gestión municipal, bajo el mandato de Bettina Romero, designó al fallecido excomisario Vicente Cordeyro, quien finalmente impuso el orden que Avellaneda no quiso o no pudo lograr.

El «sepulturero» de la Balcarce y la duda ética

Avellaneda se jacta de haber bajado la inseguridad en el Paseo Balcarce, pero omite decir que lo hizo a través de una ordenanza de nocturnidad asfixiante que terminó por borrar del mapa a los locales comerciales y destruir el éxito de lo que alguna vez fue el polo turístico y gastronómico más importante de la ciudad.

A esto se suma un historial de dudosa moral política: juez y parte. En 2017, mientras era funcionario de control, fue candidato a concejal, teniendo a su cargo la tarea de «controlar las pegatinas» de sus propios competidores.

El Secretario-Candidato: Recientemente, como Secretario de Seguridad, se integró a las listas del Frente Liberal Salteño como suplente al Senado. A diferencia de otros funcionarios, se negó rotundamente a renunciar a su cargo estratégico, manteniendo el contacto directo con la policía y punteros barriales en plena campaña.

Lealtad vs. Gestión: el espejo de Fonseca y Cruz

La historia reciente de Salta demuestra que la lealtad política no garantiza resultados en seguridad. Los casos de Benjamín Cruz y Frida Fonseca son ejemplos contundentes de políticos que ocuparon carteras de seguridad sin formación específica ni planes concretos, dejando gestiones con nulos resultados positivos y una alta rotación de funcionarios que hoy continúa.

La pregunta que circula en los pasillos es inevitable: si Avellaneda falló en administrar a los manteros y terminó por «apagar» la Balcarce, ¿qué pasará cuando deba coordinar las operaciones de los miles de efectivos de la Policía de la Provincia de Salta?. La seguridad de los salteños no puede ser el premio consuelo para un dirigente sin capacidad técnica en la materia.