SALTA.- (Por Diego Nofal) La metamorfosis del oficialismo salteño avanza con una naturalidad que asombra incluso a los analistas más escépticos de nuestra política provincial. Las señales de un entendimiento profundo entre el gobernador Gustavo Sáenz y las huestes locales de La Libertad Avanza ya no pueden ser disimuladas con torpes excusas de coyuntura parlamentaria. Cada semana aparece un nuevo indicio que transforma aquellos rumores de pasillo en una verdad tan sólida como incómoda para quienes intentan negarla. Es evidente que la alianza ha dejado de ser un mero intercambio de favores legislativos para convertirse en un proyecto de largo aliento con aroma electoral.
Porque una cosa es pactar algunos votos en el Congreso a cambio de una obra pública o de un adelanto de coparticipación, un clásico de la rosca criolla que ya hemos visto demasiadas veces durante esta gestión. Pero de lo que estamos hablando ahora es de una alianza perdurable y eminentemente política que podría desembocar, sin demasiado disimulo, en una lista conjunta donde ambos espacios convivan felizmente. La mera posibilidad de que el mileísmo salteño comparta boleta con el saencismo debería hacer sonrojar a más de un dirigente que se llenó la boca hablando de pureza ideológica.
Las sospechas
Las primeras sospechas concretas de este idilio surgieron cuando a la senadora Emilia Orozco le fue vedado, con sutileza digna de un capataz, pronunciarse sobre el mandatario provincial en redes sociales o en cualquier entrevista periodística. Se comentó en los mentideros de la política que la legisladora montó un escándalo fenomenal y que su rabieta la llevó incluso al borde de presentar la renuncia a su banca. No obstante, la tormenta pasó y la dirigenta se amoldó con una docilidad conmovedora a los deseos políticos que bajaron desde la Casa Rosada como si fueran mandamientos revelados.
El segundo acto de esta comedia de enredos lo protagonizó el concejal Eduardo Quinteros, quien salió presuroso a atacar al exgobernador Juan Manuel Urtubey por haber afirmado que Gustavo Sáenz no podría presentarse a las próximas elecciones. El edil de La Libertad Avanza no solo cargó con munición gruesa contra el exmandatario sino que además defendió a capa y espada el presunto derecho del actual gobernador a aspirar a una segunda reelección. Semejante celo por la suerte electoral de un adversario natural destila un aroma a acuerdo que ya no puede ser ocultado con frases de ocasión.
Más pruebas de esta unión que pretende no ser nada
Ahora la encargada de aportar la cuota de involuntaria sinceridad fue María Davids, una de las tantas políticas saltimbanquis que engrosan las filas de La Libertad Avanza tras aterrizar desde el PRO sin que se le moviera un solo mechón doctrinario. La dirigente fue entrevistada por un periodista local que le consultó, con una inocencia maliciosa, si desde su partido se oponían a la figura de Gustavo Sáenz. Visiblemente nerviosa, Davids dio varias vueltas para evitar contestar la pregunta como si estuviera esquivando un plato de locro recalentado en plena digestión.
Después de un malabarismo discursivo que le habría valido un aplauso en un circo, la referente violeta terminó respondiendo que ellos se oponen a políticas de gobierno y no a personas, una joya de la retórica adaptable. La frase es de una maleabilidad tan prodigiosa que permite bailar con la más fea sin que el disco se raye demasiado frente a los votantes. Queda palmariamente claro que si Gustavo Sáenz decidiera encauzar sus políticas, cambiar alguna o simplemente anunciar un par de medidas con rótulo libertario, la alianza quedaría formalizada sin necesidad de más paños tibios.
Juego electoral indisimulable
El juego ya está completamente destapado y pretender ignorarlo es un ejercicio de ingenuidad que solo convence a los fanáticos del autoengaño militante. La oposición legislativa se ha transformado, con una velocidad pasmosa, en una guardia pretoriana que cuida los flancos del gobernador con más fervor del que jamás mostró por las ideas que decía defender. Que nadie espere autocrítica o vergüenza porque en la política de nuestra provincia, como en la buena repostería, todo se cubre con una generosa capa de azúcar impalpable.
La evidencia acumulada no deja margen para interpretaciones alternativas ni para los que todavía insisten en leer este acuerdo como una mera casualidad táctica. Cuando los propios protagonistas se encargan de sepultar cualquier coartada con sus actos y sus tropiezos verbales, solo resta sentarse a contemplar cómo termina de cocinarse el plato principal del próximo menú electoral. Y mientras tanto, la coherencia discursiva se pasea por los despachos oficiales como un fantasma incómodo al que todos fingen no ver mientras firman los papeles de su propia irrelevancia.
La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
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