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Salta

Vaqueros: ¿mantenimiento eléctrico o «efecto Selección»?

La Municipalidad de Vaqueros sorprendió a los vecinos con una decisión que, si bien suena profundamente técnica, despertó más de una sonrisa cómplice en la localidad.

Vaqueros

SALTA – La Municipalidad de Vaqueros sorprendió a los vecinos con una decisión que, si bien suena profundamente técnica, despertó más de una sonrisa cómplice en la localidad. A través de un comunicado oficial, la comuna anunció un asueto administrativo para este martes 7 de julio, iniciando a partir de las 12 del mediodía.

¿El motivo invocado? La necesidad de realizar tareas de mantenimiento en la infraestructura eléctrica de los edificios municipales. Según la versión oficial, se trata de una intervención indispensable para garantizar el correcto funcionamiento del sistema.

Lo que puso a la medida en el centro de las conversaciones no es la urgencia de los trabajos, sino el cronograma. El inicio del asueto coincide, con una precisión quirúrgica, apenas una hora antes del partido que la Selección Argentina disputará contra Egipto por los octavos de final del Mundial 2026.

Pareciera que la red eléctrica de Vaqueros desarrolló una sensibilidad particular, exigiendo reparaciones justo cuando el equipo nacional pisa el campo de juego. Esta «coincidencia» generó todo tipo de especulaciones entre los ciudadanos, quienes ven en el decreto una forma, quizás menos convencional pero ciertamente efectiva, de permitir que el personal municipal pueda seguir el encuentro sin las limitaciones del horario laboral.

Más allá de la ironía de la situación, lo cierto es que Vaqueros se sumó a una tendencia que se replica en diversos rincones del país: la adaptación de la burocracia estatal ante el clima mundialista.

Mientras la intendencia mantiene firme la versión de las «cuestiones operativas», la realidad en las dependencias municipales apunta a un martes donde el interés general quedó, al menos por unas horas, en manos de lo que ocurra en el césped y no en la comuna.

Al final del día, queda la sensación de que, en la administración pública, la honestidad suele ser un lujo menos frecuente que la burocracia. No hacía falta envolver la decisión en cables, disyuntores o supuestas fallas eléctricas para justificar una tarde de asueto; bastaba con reconocer que, en un país donde el fútbol ocupa un lugar central en la identidad colectiva, otorgar un permiso para ver a la Selección no es un pecado capital. Hubiera sido mucho más refrescante, y hasta respetuoso para el vecino, que el municipio simplemente admitiera que el Mundial es un evento de excepción, validando así un gesto de consideración hacia sus empleados que, a estas alturas, nadie habría cuestionado.