SALTA – La noticia, hay que admitirlo, nos había ilusionado. En medio de un contexto donde medio país se paralizaba por el fútbol y la otra mitad se acogía al asueto administrativo, la Cámara de Diputados anunció que trabajaría. Fue un espejismo de civismo. Los salteños, cándidos, hasta aplaudimos la supuesta vocación republicana de nuestros representantes. ¡Qué ingenuos fuimos! A la hora de la verdad, nuestros legisladores no solo demostraron de qué están hechos, sino que confirmaron que, para algunos, el recinto es solo una extensión barata de un programa de variedades.
El desfile de la vergüenza
Si la jornada comenzó con un tono «cachivache», con los diputados libertarios Eduardo Virgili, Sergio López y Fernanda Domínguez luciendo la celeste y blanca bajo el saco, el clímax del esperpento llegó de la mano de la diputada Griselda Galleguillos.
La autoproclamada «novia del pueblo» decidió que la solemnidad del recinto era un excelente lugar para un cosplay de tribuna. Entró al estrado enfundada en una camiseta de la Selección (evidentemente trucha), envuelta en un poncho que parecía sacado de un cotillón de barrio y con las mejillas pintadas como si acabara de salir de la cancha. La dignidad institucional, esa que brilla por su ausencia, quedó sepultada bajo el maquillaje barato.

La épica del absurdo
Pero el despliegue estético fue solo la punta del iceberg. Tanto López como Galleguillo sintieron la imperiosa necesidad de tomar la palabra, probablemente bajo la sospecha de que, si no se hablaban a sí mismos, nadie más lo haría.
El diputado López, en un ataque de creatividad, vinculó el resultado deportivo con la gestión de Javier Milei, asegurando que la Selección «se inspiró en el Presidente». La comparación, que provocó tanto carcajadas como el enojo lógico de quienes aún conservan un resto de decoro, fue el preludio de la cátedra de nacionalismo de la diputada Galleguillo.
Galleguillo, sin ponerse colorada ni un segundo, se despachó con un monólogo digno de una sobremesa. Habló de la «Scaloneta», del espíritu argentino, de la lucha, del coraje y de la resiliencia, mientras el resto del país se preguntaba qué carajo tenía que ver eso con la agenda legislativa de la provincia. «Aguante, Argentina», cerró, cual conductora de radio matutina, agradeciendo a un presidente de cámara que seguramente deseaba que la tierra se lo tragara.

¿Necesitamos un examen de urgencia?
Es evidente que el espectáculo dado por estos representantes roza lo patológico. Si el Gobernador demostró un interés genuino en impulsar el narcotest para funcionarios públicos, quizás sea momento de ampliar el espectro.
Urge, con carácter de necesidad y urgencia, implementar análisis psicotécnicos rigurosos para todo aquel que quiera sentarse en una banca. Pero no nos quedemos ahí: también sería prudente aplicarles las pruebas PISA a nuestros legisladores. Al menos para comprobar si, además de disfrazarse y decir incoherencias, son capaces de comprender un texto sencillo o interpretar la realidad básica de la provincia que dicen representar.
Después de lo vivido, solo nos queda una conclusión posible: para el bienestar de la salud mental de todos los salteños, mejor no sesionen. Si el precio de una sesión es este bochorno, preferimos ver el partido en paz.