SALTA.- (Por Diego Nofal) Emiliano Durand ha dejado en claro, con la sutileza de un martillo neumático, que su reelección como intendente capitalino es innegociable y no piensa ceder ni un milímetro ante los contubernios del gobernador Gustavo Sáenz. Mientras tanto, el mandatario provincial juega sus cartas en un ajedrez tan opaco que ni los espejos de Finca Las Costas pueden reflejar sus verdaderas y siempre cambiantes intenciones políticas de cara al próximo turno electoral.
Gustavo Sáenz persigue su segunda reelección con un entusiasmo que solo frena la Corte Suprema, ese pequeño detalle constitucional que lo obliga a esperar un permiso especial para perpetuarse en el poder. Mientras tanto, La Libertad Avanza exhibe músculo en la provincia gracias a los votos que cosechó en la capital, donde el fenómeno libertario anidó con absoluta naturalidad y casi sin oposición real.
El gobernador cuenta con el aparato oficialista, una maquinaria que reparte favores sin sigilo ni elegancia, pero su as bajo la manga es negociar para ser el candidato de La Libertad Avanza en la provincia. Ya es un secreto a voces que el mandatario coquetea con esa posibilidad mientras todos fingen sorpresa, un acting político que no emociona a nadie.
Si ese acuerdo se concreta después de mayo, el gobernador obtendría el sello libertario y entregaría la ciudad capital a las huestes de Milei, un trueque feudal con perfume a naftalina. Eso dinamitaría el pacto con Emiliano Durand, quien ya repitió tres veces, con la insistencia de un disco rayado, que él es el candidato indiscutible a la intendencia y no está dispuesto a ser moneda de cambio.
Por eso en las tertulias políticas locales, donde el análisis fino se mezcla con especulación, no se descarta que Durand salga del libreto que le escribieron y se lance a pelear la gobernación. El intendente ya demostró en varias ocasiones que la obediencia no es su virtud más notoria y que coquetear con la rebeldía le rinde más en términos de imagen pública que la lealtad silenciosa.
El gran problema de Emiliano Durand es que su territorio se acaba donde empieza la circunvalación y construir una estructura provincial desde cero, con apenas un año por delante, parece un acto de fe más que un proyecto político. Sáenz conoce esa debilidad y la explota con la paciencia de un ajedrecista que ya sabe que su rival mueve las piezas con los ojos vendados.
Así las cosas, el tablero salteño ofrece un espectáculo digno de una tragicomedia, donde todos fingen sorpresa ante movimientos que ya estaban cantados y el único que parece salir ganando, al menos en los titulares, es el propio desconcierto. Mientras tanto los salteños miran con atención como se acomodan las piezas que, se antemano, se sabía donde iban a estar.
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