SALTA – En un escenario nacional dominado por el dogmatismo del déficit cero y el consecuente apagón de la infraestructura federal, la provincia de Salta ha decidido dar una batalla política de fondo. Lejos de la sumisión o la queja pasiva frente a la inacción del Gobierno nacional, la gestión de Gustavo Sáenz optó por una posición de autonomía pragmática: tomar las riendas de los proyectos estratégicos para blindar el desarrollo local. En una extensa entrevista con Cara a Cara, el ministro de Infraestructura y jefe de Gabinete salteño, Sergio Camacho, desglosó el plan de conectividad vial, la inversión social como trinchera ante la crisis y la definición ideológica del gobierno provincial frente al experimento libertario.
La batalla por las rutas
El estado de las rutas en Salta no es solo una cuestión de asfalto; es una disputa política y económica crucial para el futuro del sector productivo y turístico. Camacho fue tajante al marcar la cancha y diferenciar la parálisis de la Casa Rosada de la gestión local: “Las buenas noticias son provinciales”.
Ante el ahogo financiero de Vialidad Nacional, que arrastra graves demoras en los pagos de la Ruta 34, Salta ejecutó una fuerte intervención económica para impedir la parálisis total del tramo Metán-Rosario de la Frontera, asumiendo una deuda de 570 millones de pesos en certificados anteriores. El ministro detalló la estrategia defensiva de la provincia: “Decidimos hacernos cargo no de la obra de la autopista, sino de la repavimentación de la traza actual… con el fin de recuperar después de Vialidad Nacional”.
Con este movimiento político y financiero, Camacho anticipó que la próxima semana ya se verán las máquinas trabajando sobre una calzada que hoy se encuentra intransitable debido al abandono de la Nación.
En paralelo, y desafiando el bloqueo de fondos nacionales, Salta avanza en el corredor bioceánico a través de la Ruta 51 mediante negociaciones directas de financiamiento internacional. “En la nueva concepción crediticia con el Font Plata, va a entrar el tramo uno, con lo cual tenemos garantía de inicio de tramo uno, tramo dos y tramo tres”, anunció con firmeza el funcionario. El mismo pulso político se replica en el nuevo puente de Vaqueros, donde las arcas provinciales ya financiaron cuatro certificados para mantener el ritmo de los trabajos y evitar el abandono de la obra.
Dos modelos contrapuestos
El corazón del planteo de Camacho radicó en la defensa de un «Estado presente», una concepción política que choca de frente con la gestión del presidente Javier Milei. Durante la inauguración de las nuevas áreas del Hospital del Milagro —una obra de 1.600 millones de pesos financiada íntegramente con recursos de los salteños—, el jefe de Gabinete dejó en claro las prioridades de la gestión de Sáenz: “La inversión en seguridad, en salud, en educación para nosotros es prioritaria”.
Al responder a los cuestionamientos de los sectores más duros que acusan al gobernador de excesiva cercanía con el poder central, Camacho fijó la posición de la escudería salteña con absoluta claridad: “Tenemos un gobernador dialoguista, un gobernador que gestiona y defiende permanentemente el derecho de los salteños”.
A renglón seguido, el ministro arremetió contra la oposición interna y los referentes locales del oficialismo nacional, tildándolos de meros espectadores de la crisis: “Es muy fácil pararse al costado de una ruta con otra máquina parada como los libertarios o sacarse fotos y selfies en el puente Vaqueros, pero nunca vimos una gestión ante un Gobierno Nacional que además se enorgullece y ha parado la obra pública”.
Según el funcionario, para la provincia, la presencia del Estado no es una consigna abstracta, sino una urgencia ante el desplome del poder adquisitivo. Camacho contrapuso los subsidios otorgados a las tarifas de luz y agua para las familias vulnerables con la lógica del mercado que impera en la Capital Federal: “Este es un gobierno presente a diferencia del Gobierno Nacional”.
Turismo, territorio y el límite del modelo nacional
El plan de infraestructura salteño busca blindar al turismo y a la industria local de la recesión generalizada. En ese marco, se confirmó el inicio de los trabajos en la Cuesta del Obispo entre finales de julio y principios de agosto, sumado a una fuerte política de regularización de alquileres temporarios y el lanzamiento de líneas de crédito destinadas a sostener la competitividad de las PYMES.
Con una mirada de largo alcance, el jefe de Gabinete salteño lanzó un duro pronóstico político sobre la sostenibilidad del rumbo macroeconómico que propone la Casa Rosada: “La profundización de este sistema no va, a mi juicio y a mi modo personal, no va a sobrepasar el 2027”.
El argumento del ministro golpea el relato oficial de la recuperación económica, advirtiendo sobre el impacto real en la calle: mientras la macroeconomía se ordena sobre el papel, “la micro no está funcionando”.
Federalismo interno
Finalmente, Camacho exhibió los avances en el Valle de Lerma, destacando la emblemática obra que une Cerrillos con El Carril a través del montaje de vigas sobre las rutas 23 y 24. «Este gobierno se animó a hacerlo… resolvió serios problemas desde el punto de vista hídricos también», remarcó, exponiendo el contraste con las gestiones anteriores que postergaron estas demandas históricas.
Para el ministro, la respuesta al centralismo nacional es el fortalecimiento del federalismo hacia adentro de la propia provincia. “Salta es una provincia muy vasta… el gobierno debe estar activo, por eso es que los ministros están permanentemente en el interior”, concluyó. Respaldado en una administración que definió como «equilibrada y ordenada», el gobierno de Salta consolida un polo de resistencia de la economía real, sosteniendo la actividad económica y esperando un giro político nacional que devuelva el oxígeno a las fuerzas productivas del interior del país.