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Opinión

Salta bajo las llamas: la política del «llegar tarde» y el abandono de los barrios

Resulta, cuanto menos, cuestionable que el gobernador Gustavo Sáenz haya aparecido en escena recién después de más de 24 horas de combate ininterrumpido contra el fuego.

Salta incendios

SALTA.- (Por Renato Ocampo) El viento Zonda no es una sorpresa en Salta, pero la magnitud del desastre actual deja al desnudo una realidad innegable: la falta de planificación y la desidia estatal han convertido un fenómeno climático en una tragedia social.

Mientras las ráfagas superaban los 30 grados y la humedad desaparecía, el mapa de la capital se teñía de rojo con más de 25 focos de incendio activos que desbordaron cualquier capacidad de respuesta.

Resulta, cuanto menos, cuestionable que el gobernador Gustavo Sáenz haya aparecido en escena recién después de más de 24 horas de combate ininterrumpido contra el fuego. Mientras los vecinos de la zona sur, de Santa Ana y de la periferia veían cómo las llamas rodeaban sus hogares y el humo invadía sus vidas, el máximo mandatario provincial se llamó al silencio hasta que el despliegue mediático le permitió decir: «Recorrí las zonas afectadas y acompañé a los equipos de emergencia, que trabajan intensamente para controlar los distintos focos». El problema es que el acompañamiento que los salteños necesitaban no era una foto de viernes por la tarde, sino una gestión que se anticipara al desastre.

Cabe destacar el sacrificio heroico de los brigadistas, bomberos de la Policía y bomberos voluntarios. Estos hombres y mujeres son quienes, con recursos escasos y en condiciones de extrema peligrosidad, han evitado una catástrofe aún mayor. Ellos son la cara de un Estado que, en sus bases operativas, entrega todo, pero que en sus cúpulas decide ignorar las advertencias. El propio gobernador reconoció este esfuerzo al afirmar: «Les agradezco de corazón a los brigadistas, bomberos de la Policía de Salta, bomberos voluntarios y a todos los que trabajan sin descanso para combatir el fuego y asistir a las familias afectadas. Sin embargo, el agradecimiento no apaga incendios ni devuelve los bienes perdidos por la falta de previsión.

Abandono municipal

La raíz del problema no es solo el clima; es la ausencia total de una política de prevención seria. La Municipalidad de Salta, a pesar de sus discursos sobre mapas de riesgo y planificación desde febrero, ha fallado estrepitosamente en lo más básico: el desmalezado integral y el control de terrenos baldíos. El avance descontrolado del «pasto cubano», una especie altamente inflamable que llega a medir seis metros, y los descampados repletos de basura se convirtieron en el combustible perfecto para que cualquier chispa terminara en una emergencia. Los vecinos denuncian el abandono sistemático de los barrios donde los terrenos privados, cerrados y llenos de maleza seca, son «bombas de tiempo» que la municipalidad no supo, o no quiso, desactivar a tiempo.

Hoy, con 11 evacuados confirmados, tres viviendas consumidas por las llamas y miles de personas sin luz ni internet, el pedido de responsabilidad individual suena a excusa para tapar la inoperancia gubernamental. Si bien la conciencia ciudadana es clave, no se puede trasladar toda la carga al vecino cuando el Estado falló en limpiar la ciudad y en dotar de recursos suficientes a quienes combaten el fuego.

La respuesta tardía y el análisis de «lo que se pudo haber hecho» llegan cuando el daño ya es irreparable para muchas familias salteñas. Advertir que «ante cualquier foco ígneo, den aviso de inmediato al Sistema de Emergencias 911» es solo una medida reactiva que poco sirve cuando el sistema ya está colapsado.

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