SALTA – Tras el receso invernal, las luces del Concejo Deliberante de la capital salteña vuelven a encenderse. Sin embargo, el reinicio de la actividad legislativa municipal promete poca sorpresa, nula imaginación y el mismo despliegue de pereza política al que la ciudadanía ya se ha visto resignada. Con un temario que roza la irrelevancia administrativa, la sesión se perfila, una vez más, como una puesta en escena desconectada por completo de los verdaderos dramas que atraviesan los salteños.
Todo indica que el debate de fondo volverá a reducirse a una trinchera de obviedades e intercambios estériles. Por un lado, la tropa oficialista alistará sus discursos de compromiso para ensayar defensas automatizadas y repartir elogios enlatados a las gestiones municipal y provincial. Por el otro, los ediles de La Libertad Avanza preparan el libreto habitual para actuar como caja de resonancia de las políticas del presidente Javier Milei. Mientras los representantes de la ciudad juegan a la política nacional y provincial, el recinto sigue funcionando como un microclima donde las urgencias locales no tienen lugar.
Proyectos de vuelo corto para disimular la falta de gestión
Una mirada detallada al Orden del Día basta para confirmar el diagnóstico: la labor legislativa parece reducida a completar trámites burocráticos y gestos simbólicos para justificar la abultada dieta mensual.
Concientización para tapar la falta de infraestructura: en el primer punto del temario se analizará una propuesta del concejal (mandato cumplido) José Albornoz para crear un «Programa de Seguridad para el Peatón» e instituir la «Semana Municipal del Peatón» a partir del 17 de agosto. Una iniciativa llena de buenas intenciones narrativas, pero que pretende resolver la tragedia vial salteña con campañas de concientización y folletería, en lugar de exigir señalización real, semaforización eficiente y obras de infraestructura que protejan a quien camina la ciudad.
Ajustes de mapas mientras los barrios se caen a pedazos: la agenda incluye también la modificación de la Ordenanza N.° 1.438 para redefinir los límites técnicos del barrio María Esther entre las calles General Anselmo Rojo, López, Tavella e Yrigoyen. Un mero trámite cartográfico impulsado por la Comisión Técnica Ad Hoc que en nada le cambia la calidad de vida al vecino que convive con la falta de servicios, el abandono y la inseguridad en la zona.
Aceptar donaciones: el Ejecutivo Municipal remitió el pedido para aceptar formalmente la donación de un terreno de 735 m² en el barrio Casa del Sol destinado a uso institucional público. A esto se le suma otro proyecto para darle el visto bueno a la donación por parte de una empresa privada de cinco soldadoras eléctricas destinadas a la Escuela de Emprendedores y Fábricas de Oficios. Gestiones administrativas de rutina que, si bien son correctas desde lo formal, terminan ocupando el centro del debate ante la alarmante ausencia de proyectos de ordenanza con impacto estructural.
La Salta real, fuera de la orden del día
Mientras en las bancas se discuten semanas festivas, cesiones de lotes e inventarios de herramientas, las verdaderas problemáticas de los salteños continúan acumulándose sin que nadie tome la iniciativa.
El caos vehicular sigue cobrándose la paciencia y la seguridad de miles de conductores a diario; las calles de la ciudad presentan un deterioro histórico que convierte cada trayecto en un circuito de esquivar baches; y el abandono en los barrios de la periferia avanza sin pausa. A este cuadro se suma el crítico conflicto en los alrededores del Mercado San Miguel: la calle 20 de Febrero se transformó en una verdadera «tierra de nadie», generando una tensión constante y un malestar profundo entre vecinos y comerciantes formales que exigen orden y presencia municipal.
Pero quizás el silencio más ruidoso del Concejo Deliberante sea el que rodea al bolsillo de los contribuyentes. Resulta urgente y necesario que los concejales dejen de esquivar el debate sobre el excesivo e impagable cobro de las tasas municipales, que asfixian tanto a las familias como al comercio local. Reorganizar y aliviar este esquema impositivo no significaría desfinanciar las arcas de la Municipalidad, sino aplicar un principio básico de justicia tributaria, especialmente si se tiene en cuenta que en los últimos años los impuestos municipales se incrementaron casi un 1.000%.
El Concejo Deliberante retoma sus funciones, pero el panorama sigue siendo el mismo: bancas ocupadas por discursos para la tribuna, expedientes de menor cuantía y una agenda legislativa que le da la espalda a las necesidades urgentes de la ciudad.