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Salta

Antonio Marocco: ¿vicegobernador o streamer?

Resulta llamativo, o quizás envidiable, el tiempo libre de quien debería estar articulando soluciones para los problemas estructurales de la provincia.

Marocco

SALTA – Entre anécdotas de peluquería y efemérides de almanaque, el segundo hombre de la provincia demuestra que, cuando el poder sobra y las ideas faltan, siempre hay tiempo para un café frente al micrófono. Mientras el Senado provincial duerme la siesta bajo el ala de una mayoría oficialista que no exige debate, el presidente de la Cámara Alta, Antonio Marocco, parece haber encontrado su verdadera vocación: la de comentarista de streaming.

Parece que la agenda legislativa de Salta está tan resuelta que el vicegobernador Antonio Marocco se puede permitir el lujo de dedicar sus mañanas, de lunes a viernes, a recordar qué prócer nació o qué tango sonaba en 1940. En un medio local que le sienta como su propia casa y con un Senado que funciona como una escribanía gracias a la mayoría absoluta del oficialismo, el titular de la cámara se ha convertido en un habitué de los estudios de streaming, donde despunta el vicio de la redacción periodística… pero de hace un siglo.

Resulta llamativo, o quizás envidiable, el tiempo libre de quien debería estar articulando soluciones para los problemas estructurales de la provincia. En cambio, lo escuchamos filosofar sobre la deuda externa, asegurando que «no es una mala palabra» y que «es crecimiento» si se honra, comparando la macroeconomía con pedirle prestado al «amigo del barrio». Una visión simplista que quizás explique por qué, en lugar de gestionar, prefiere hablar de la «zamba del ángel».

Lo que comienza como un repaso histórico suele derrapar en la anécdota personal que a nadie le importa. Marocco nos cuenta desde el cumpleaños de su hermana Graciela hasta detalles de la vida reproductiva de su madre, a quien «los amigos de su papá le decían panzona» por sus diez hijos. En un tono que oscila entre el abuelo que repite historias y el panelista de espectáculos, se permite incluso criticar a otras ciudades, lanzando dardos innecesarios: «Los rosarinos no tienen historia, nadie sabe quién fundó esa ciudad», o tildando a los tucumanos de ser los «porteños del norte» que se creen el ombligo del mundo.

Mientras el Vicegobernador se preocupa por si la tijera para zurdos funciona o por recomendar a su quiropráctico personal en la calle Urquiza, los salteños esperan que la «conciencia» que pide para los actos escolares se traduzca en una gestión activa.

Es contundente: entre Hitchcock, Carlitos Balá y el «doctor» Charly García, Antonio Marocco ha encontrado su zona de confort. Si el cargo de Vicegobernador le queda chico por la falta de debate político, quizás sea momento de que el oficialismo le reconozca su verdadera labor: la de un historiador aficionado con mucho tiempo libre y un sueldo que pagamos todos, mientras la realidad de Salta le pasa por el costado.