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Opinión

Caso Vaccarella: Ada Zunino otra pata floja de una Justicia bizca

La Defensoría salteña quedó bajo la lupa por su ausencia en un expediente con menores involucrados.

Ada Zunino
Ada Zunino

(Salta).- (Por Diego Nofal) El Caso Vaccarella, con el periodista Gustavo Vaccarella en el centro, acaba de estallar en las manos de los tres integrantes más mediáticos del Poder Judicial salteño, un detalle que ya no sorprende a nadie. A Pedro García Castiella y a Sofía Cornejo Solá les dedicó una crítica oportuna Federico Mena Saravia en su editorial, así que esa parte ya está más que cubierta. Yo vengo a preguntar por la tercera pata de este taburete mediático judicial, y hablo ni más ni menos que de Ada Zunino, la jefa de los defensores que ni acercó lash narices al controvertido expediente.

Porque quiero que algo quede claro, la jefa de los defensores también es la jefa de los defensores de menores, y en la causa del periodista hay implicados menores de edad. De hecho, existe material relacionado con abuso contra menores de edad, y la defensora a la que tanto le gustan los periodistas parece que a este periodista no pensaba acercarse. Tal vez convenga recordar que su función no es elegir las causas que dan prensa, sino intervenir de oficio cuando los derechos de los chicos están verdaderamente en juego.

Yo me pregunto dónde quedó esa proactiva magistrada que podía dar dos horas de nota a la mañana y a la tarde, según dicen con ironía fuentes judiciales. También podía entrar en una audiencia cualquiera, hablar de videos de TikTok, hacer, deshacer y pedir cambios de abogado con una naturalidad que muchos funcionarios envidiarían sin ponerse colorada ni pedir permiso. Tal vez a este lugar en la defensoría la llevó el embargo que no esperábamos, ese silencio administrativo que se instala cuando el expediente incomoda a ciertos apellidos de la política local. La doctora Zunino no necesita prensa para justificar su sueldo, necesita cumplir con una ley que protege a los menores y no puede elegir atajos cuando hay chicos de por medio.

Porque la Ada Zunino, que tanto quiere el poder político, solía ser un ejemplo de proactividad, sobre todo si recibía algún llamado amable del Grand Bourg para ocuparse de un tema. Pero esta vez ni siquiera se acercó al expediente aún sabiendo que la existencia de material de abuso que involucra menores de edad es su área más específica. Resulta curioso que una funcionaria tan atenta a las oportunidades mediáticas haya decidido mirar para otro lado justo en esta causa donde los menores no son una anécdota.

Es un consejo que digo desde afuera, como un periodista que sigue atentamente las causas judiciales, ¿no será momento de empezar a trabajar de una buena vez doctora Zunino? A todos nos gustan las cámaras, pero los salteños le estamos pagando el sueldo todos los meses para que, entre otras cosas, cuide a nuestros chicos sin necesidad de flashes. Claramente usted, y nadie dentro de la Justicia, lo está haciendo con la urgencia que este caso demanda desde hace demasiado tiempo, y eso es grave para los menores involucrados.

Recordemos que en nuestra provincia hay una causa iniciada por trata de personas entre nenas del secundario, un asunto que debería haber encendido todas las alarmas en la Defensoría. Aun con la existencia de esa causa, la jefa de los defensores no se acercó al expediente para ver si había alguna vinculación o simplemente para interiorizarse de un hecho que involucra menores. Esa manera de trabajar de Ada Zunino resulta, por lo menos, una curiosidad institucional difícil de defender ante cualquier ciudadano que pague impuestos en Salta y espere respuestas serias.

La Justicia salteña vuelve a mostrar una lógica extraña, donde los mismos apellidos aparecen cómodamente cerca del poder y las omisiones se disfrazan de casualidades demasiado convenientes para ciertos funcionarios. En este caso no alcanza con pedir explicaciones al procurador o a la fiscal especializada, porque el Ministerio Público no es la única institución que mira hacia otro lado. La Defensoría, con Ada Zunino a la cabeza, debería ser la primera trinchera de protección de la infancia, y sin embargo brilla por su ausencia en un expediente que huele a abuso infantil.

Ojalá la doctora Zunino entienda que no alcanza con aparecer en los medios cuando el caso es cómodo, porque los salteños empiezan a notar la diferencia entre el show y la gestión. Mientras tanto, el periodista Gustavo Vaccarella sigue en el ojo de una tormenta que la Justicia no termina de aclarar con fechas ni explicaciones convincentes ante la opinión pública salteña. Y los menores, esos a los que nadie parece ver en este entramado de omisiones, siguen esperando que alguien haga el trabajo sucio que no sale en las tapas.