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Salta

Ricardo Villada: «En el futuro, Gustavo va a tener protagonismo en el orden nacional de una manera relevante»

El coordinador de relaciones políticas reapareció para defender la posibilidad de un tercer mandato del gobernador, desmarcarse de un devaluado Sergio Massa y agitar una supuesta proyección nacional.

Ricardo Villada

SALTA – La reaparición pública del ingeniero Ricardo Villada, actual coordinador de relaciones políticas y planificación estratégico, dejó al descubierto los hilos de una estrategia del Gobierno de Salta obsesionada con la permanencia en el poder de Gustavo Sáenz y una llamativa amnesia política. El exministro justificó de antemano un eventual tercer mandato del mandatario salteño, ensayó piruetas discursivas para distanciarse del kirchnerismo y de su antiguo aliado Sergio Massa, y pretendió vender un modelo de «fidelidad fiscal» que contrasta drásticamente con la realidad de una provincia sumergida en urgencias estructurales que la obligan a negociar constantemente con la Nación.

Sáenz debe continuar

El punto más saliente de la reaparición de Ricardo Villada radica en su justificación de un posible tercer mandato para Gustavo Sáenz. Como convencional constituyente que participó en la última reforma de la Constitución de Salta, Villada conoce perfectamente el espíritu republicano que supuestamente inspiró dicha modificación, el cual limitaba las reelecciones ejecutivas para evitar la perpetuación en los cargos. «El gobernador no solamente está en condiciones jurídicas de serlo, sino también él lidera el espacio político». Sin embargo, en un ejercicio de acrobatacia jurídica que roza la tomadura de pelo, el funcionario argumentó que la convención decidió que la nueva Carta Magna rige «de ese momento para adelante», lo que técnicamente habilitaría a Saenz a postularse nuevamente en las Elecciones de 2027 sin que su primer mandato sea contabilizado.

Para Villada, la ley es un instrumento de conveniencia que se amolda a las necesidades de la escudería gobernante. Con una soltura asombrosa, sorprendió al admitir que en el pasado el oficialismo provincial fue sumamente crítico de los terceros mandatos de la etapa de Juan Carlos Romero y Juan Manuel Urtubey. No obstante, pretendió justificar la excepción para Saenz bajo un argumento insólito: la pandemia. Según el coordinador, la emergencia sanitaria «retardó muchas de las cosas que ahora se están llevando adelante», por lo que un tercer período ya no sería un atropello institucional, sino un acto de justicia histórica para culminar la gestión.
Este argumento no solo es políticamente endeble, sino insultante para los salteños. La pandemia fue una tragedia global, no una prórroga de mandatos encubierta. Utilizar el dolor y el retraso administrativo de una crisis sanitaria como un comodín para justificar la perpetuación en el poder es de un nivel de bajeza institucional alarmante. Villada demuestra que el discurso republicano del «saenzcismo» dura exactamente lo que tardan en vencerse los mandatos. Cuando la permanencia en los sillones del poder peligra, las convicciones de alternancia se archivan y se recurre a la letra chica de la ley para defender lo que antes se denunciaba.

De la vicepresidencia con Massa a la amnesia selectiva en el PJ

Otro de los pasajes más reveladores fue el afán de Ricardo Villada por despegar al oficialismo provincial de la figura de Sergio Massa y de cualquier vestigio de kirchnerismo, partido en el cual el propio Villada operó como interventor del PJ en Jujuy. En un intento desesperado por sintonizar con el clima de época de una Argentina que rechaza de plano el populismo inflacionario, el funcionario provincial apuntó contra el kirchnerismo, al que cuestionó acusándolo de mostrar «un desprecio por el manejo de las cosas que son de todos» y de emitir billetes con «la maquinita» como si fuera algo mágico.

Sin embargo, el archivo político es implacable y destruye cualquier intento de relato purificador. Villada pretende que los salteños olviden que la proyección nacional de Gustavo Saenz se cimentó, precisamente, de la mano de Sergio Massa, cuando lo acompañó como candidato a vicepresidente en la fórmula presidencial de 2015. El hoy gobernador de Salta no creció políticamente en un vacío ideológico ni bajo el ala de la «administración responsable» que hoy declama su coordinador; lo hizo al amparo de las mismas estructuras de la rosca peronista que hoy Villada busca demonizar.

El distanciamiento que hoy proclama Villada, argumentando que Massa «pertenece a un espacio que es el kirchnerismo» y que hoy están en «sectores diferentes», no es un distanciamiento de principios, sino de pura conveniencia. Cuando Massa manejaba la caja del Ministerio de Economía nacional, el Gobierno de Salta mantenía un silencio cómplice y un alineamiento absoluto. Hoy, con Massa devaluado y el kirchnerismo en retirada, el oficialismo salteño ensaya una lavada de cara express.
El laberinto saenzcista frente a la Libertad Avanza
El escenario actual de la provincia y del país obliga al oficialismo de Salta a realizar un delicado y peligroso equilibrio. Por un lado, la consolidación nacional de la Libertad Avanza bajo la conducción de Javier Milei ha dinamitado las estructuras tradicionales del poder en el interior. En este contexto, la estrategia del gobierno provincial consiste en sobreactuar gobernabilidad hacia la Casa Rosada bajo la premisa de que «no quieren que al gobierno nacional le vaya mal», esperando que las medidas macroeconómicas de reactivación y de blanqueo derramen algún beneficio sobre la alicaída economía local. «La gente lo ve a Sáenz acá en una plaza, en el aeropuerto, donde sea y cree que la figura de Sáenz se termina acá en Salta y no es así; tiene una proyección nacional».
Sin embargo, detrás de la máscara de cooperación institucional se esconde un profundo pánico político. La proyección de Saenz a nivel nacional que agita Villada, vendiendo al mandatario salteño como un líder de «frescura» y autenticidad capaz de sentarse con sectores del peronismo no alineado y de centro, es la respuesta desesperada de un oficialismo que se siente cercado. «Muchos sectores de centro ven en Gustavo un hombre que tiene una capacidad de liderazgo».
Saben que la marea libertaria amenaza con fagocitarse los distritos provinciales si no logran consolidar un bloque propio en el Congreso o un acuerdo de supervivencia para las Elecciones del 2027. Por ello, el armado legislativo y las especulaciones de reelección no son muestras de fortaleza, sino de una inmensa vulnerabilidad frente a una dinámica nacional que ya no controlan y a un electorado local cada vez más asfixiado.