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Los diputados de Salta trabajaron para el Banco Macro y no para los salteños

El proyecto para refinanciar deudas fue retirado del temario sin explicaciones, mientras crece la morosidad y la deuda en la provincia.

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(Por Diego Nofal) Salta.- La Cámara de Diputados de Salta vivió ayer una jornada que muchos calificarían como confusa, aunque para los más avispados resultó tan transparente como el oscuro interés de una entidad bancaria. El proyecto del diputado Omar Exeni, que prometía un respiro para más de 540.000 salteños ahogados por las deudas, desapareció del temario con una rapidez que solo iguala la de un crédito aprobado sin preguntas. Argentina presenta los índices de morosidad más altos de su historia y Salta no es la excepción, con una cifra que supera los 155.000 morosos y una deuda total que asciende a 2,2 billones de pesos.

El proyecto en cuestión buscaba que los bancos refinanciaran las deudas de quienes habían entrado en mora y abrieran líneas de crédito para quienes habían contraído obligaciones con financieras no bancarias, una medida que parecía hecha a la medida de la angustia popular. Sin embargo, lo que ayer figuraba en el orden del día como una posible solución, hoy es un recuerdo que nadie en el recinto quiere mencionar, como si hablar de ello pudiera contagiar la peste de la empatía. Lo extraño es que el proyecto estaba incluido en el temario hasta última hora, pero entre gallos y medianoche fue retirado sin que nadie diera una explicación convincente, un misterio que solo supera al de la desaparición del dinero de los bolsillos de los salteños.

Las sospechas, como suele ocurrir en estos casos, apuntan directamente al Banco Macro, esa entidad que hoy mantiene cautivo al cien por ciento de los empleados provinciales y municipales que cobran sus salarios a través de sus ventanillas. El banco, que también es el que más créditos ha otorgado en los últimos tiempos, tiene un interés más que evidente en que las deudas no se refinancien de manera masiva, porque de eso se trata el negocio de cobrar intereses sobre intereses. La pregunta que muchos se hacen es si los diputados que decidieron retirar el proyecto estaban defendiendo a los salteños o a los intereses de una entidad que ve en la mora una oportunidad de oro para seguir facturando.

La teoría de que una orden llegó desde las altas esferas de la política local para impedir que el proyecto llegara al recinto no es descabellada, sobre todo si se considera que el oficialismo tiene estrechos vínculos con el mundo financiero. No es la primera vez que un proyecto que beneficia a las mayorías es bochado por razones que poco tienen que ver con el bien común, y seguramente no será la última, porque la política suele ser un espejo donde se reflejan los intereses de unos pocos. Mientras los salteños siguen endeudados y viendo cómo sus sueldos se esfuman en el pago de cuotas impagables, los legisladores prefieren hacer oídos sordos y mirar hacia otro lado, quizás esperando que el problema se resuelva solo.

Lo que ocurrió ayer en la Legislatura es un ejemplo más de cómo la representación popular puede convertirse en una farsa cuando los intereses económicos se cruzan en el camino, y lamentablemente Salta no es ajena a esta dinámica perversa. Los diputados que votaron por el retiro del proyecto deberían dar explicaciones a sus votantes, aunque seguramente encontrarán alguna excusa retórica para justificar lo injustificable, como suelen hacer los que saben que no rendirán cuentas. La ciudadanía, mientras tanto, sigue esperando que alguien ponga un freno a la usura financiera, pero parece que ese alguien no se sienta en las bancas de la Cámara Baja.

El Banco Macro, por su parte, sigue tan campante, cobrando intereses y manteniendo a los empleados públicos en una suerte de servidumbre financiera de la que es difícil escapar, porque cuando el sueldo entra por una sola puerta, las opciones son limitadas. Los legisladores que actuaron como lobistas de la entidad deberían recordar que su mandato es representar al pueblo, no a los accionistas de un banco, aunque a veces la línea entre uno y otro se difumina con la misma facilidad que un proyecto de ley. La próxima vez que un diputado hable de su compromiso con los salteños, tal vez convenga recordarle lo que pasó con este proyecto, porque la memoria es la única herramienta que les queda a los ciudadanos para no ser engañados.