(SALTA).- Por Diego Nofal – El intendente Emiliano Durand ha vuelto a anunciar con bombo y platillo la repavimentación integral de las avenidas Belgrano y San Martín, una noticia que debería alegrar a los conductores salteños si no supiéramos que ya la escuchamos al menos ocho veces durante esta gestión.
El pavimento de esas arterias se rompe religiosamente cada tres meses, como si el asfalto tuviera un pacto con la temporada de lluvias para desintegrarse apenas el intendente termina de posar para la foto inaugural.
Los millones de pesos que la municipalidad gasta en pauta publicitaria seguramente impedirán que usted lea esta crítica en otros medios, así que permítanos ser el altavoz de una realidad que los vecinos padecen a diario en sus trayectos.
La avenida San Martín ha sido interrumpida más de ocho veces durante esta administración para hacer repavimentaciones que duran lo que un suspiro en el subte, y el pavimento sigue rompiéndose con una puntualidad británica que ya no sorprende a nadie.
Lo curioso es que el intendente Emiliano Durand insiste en presentar cada nueva repavimentación como una obra inédita, cuando en realidad se trata del mismo parche sobre la misma herida abierta que sangra recursos públicos sin cesar.
Los vecinos ya no saben si reír o llorar cuando ven que una cuadra recién pavimentada parece un queso gruyere después de una semana de uso cotidiano, y la única novedad es que los bicicleteros de la avenida Belgrano serán reubicados para disimular el caos vial.
El intendente Emiliano Durand prometió en su discurso ante el Concejo Deliberante una inversión superior a los cien mil millones de pesos en obras públicas durante 2026, pero la pregunta que todos nos hacemos es si esa millonada servirá para pavimentar por décima vez la misma arteria o si finalmente se destinará a soluciones duraderas.
La gestión municipal ha intervenido en más de cuatro mil trescientas cuadras según sus propios números, sin embargo la sensación en el barrio es que el asfalto se derrite con la misma facilidad con que el intendente cambia de discurso según la encuesta de turno.
Las pavimentaciones efímeras de Emiliano Durand se volvieron inocultables incluso para los medios que antes miraban para otro lado, y ahora hasta las consultoras nacionales lo ubican como uno de los intendentes con peor imagen del país.
El sueño reeleccionista del jefe comunal se derrite igual que el pavimento que los salteños tenemos que tolerar, porque sus palabras se desinflan más rápido que el asfalto mal puesto en cada esquina de la capital.
Mientras el intendente Emiliano Durand sigue posando para las fotos y los reels de Instagram, los vecinos sortean baches que parecen cráteres lunares en una ciudad que no debería tener nada que envidiarle a la superficie de la luna.
Si el pavimento durara tanto como los discursos del intendente, ya tendríamos calles europeas, pero la realidad muestra que ambos se desinflan con una velocidad pasmosa que deja a los salteños con el bolsillo vacío y las ruedas rotas.
La pregunta que queda flotando en el aire es si vale la pena soportar los impuestazos de casi un quinientos por ciento que hemos padecido durante esta administración para pavimentar tres veces la misma calle y llamarlo progreso.
El intendente Emiliano Durand parece haber encontrado en la repavimentación perpetua un negocio redondo que mantiene ocupadas a las empresas contratistas y llenos los canales de comunicación oficiales, mientras la ciudad sigue llena de baches que ningún anuncio pomposo puede tapar.
La gestión municipal tiene el triple de funcionarios que la intendente anterior y ha incrementado la planta de empleados municipales a niveles nunca vistos, lo que explica en parte por qué el dinero de los impuestos no alcanza para obras que realmente solucionen el problema de fondo.
Los salteños estamos pagando la factura de una administración que confunde la obra pública con un loop asfáltico sin final, donde cada repavimentación es solo el preludio de la próxima rotura anunciada.
Hasta ahora, para lo único que han servido los cuantiosos impuestos municipales de la capital fue para repavimentar cuatro veces las mismas arterias y para pagar el blindaje mediático del intendente, porque la ciudad sigue siendo un quirófano a cielo abierto donde el asfalto es el paciente que nunca se recupera.
El intendente Emiliano Durand debería explicarles a los salteños por qué su promesa de obras duraderas se convierte siempre en el mismo espejismo, y por qué cada nueva repavimentación es apenas el anuncio de la próxima que vendrá dentro de tres meses.