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Opinión

Alfredo Olmedo y Gustavo Sáenz ¿Quién está más cerca del Presidente?

El gobernador salteño consolida un vínculo privilegiado con la Casa Rosada, mientras los referentes libertarios locales pierden peso político.

Gustavo Sáenz

(SALTA).- Por Diego Nofal – En el intrincado mapa político argentino, donde las lealtades cambian más rápido que el clima, Salta se ha convertido en un caso de estudio que rompe todos los manuales. La relación entre el gobierno nacional y los dirigentes locales de La Libertad Avanza es, cuanto menos, desconcertante, porque en la Casa Rosada parecen pensar más en Gustavo Sáenz que en Alfredo Olmedo.

Esta afirmación, que sonaría a herejía para cualquier militante libertario ortodoxo, se confirma con cada gesto, cada visita y cada reparto de fondos. El gobernador salteño, que no pertenece al espacio de Javier Milei, se ha convertido en el interlocutor privilegiado de la administración nacional en el norte argentino, dejando a los libertarios locales en un rol de comparsa.

La evidencia más contundente de esta predilección es el trato diferencial que recibe la provincia en materia de recursos, sobre todo en un contexto de ajuste feroz y caída de la coparticipación a nivel nacional. Salta, si bien ha perdido dinero como todas las provincias, fue la segunda menos afectada del país, un dato que no puede ser casualidad.

Ese gesto de la Casa Rosada hacia Sáenz es una señal inequívoca de que lo consideran un aliado estratégico, no un enemigo a vencer. Mientras Alfredo Olmedo y Emilio Orozco se desgastan en internas estériles, el gobernador cosecha los frutos de una alianza pragmática con el gobierno nacional. La política, a veces, es más simple de lo que parece, y los recursos se destinan a donde hay utilidad.

La visita de Sandra Pettovello a Salta, analizada en retrospectiva, no fue un espaldarazo a los libertarios locales sino una confirmación del vínculo directo con el gobernador. La ministra, lejos de elogiar a Olmedo o a Orozco, se encargó de marcarles la cancha y de recordarles que el alineamiento con Sáenz es una prioridad innegociable.

Ese mensaje, leído entre líneas, descolocó a propios y extraños, porque dejó en evidencia que la Casa Rosada no confía en su propia tropa salteña. Resulta paradójico que un espacio que se jacta de renovar la política dependa de un dirigente del establishment provincial para sostener su gobernabilidad. Pero en la política real, las etiquetas se licúan al calor del poder.

Alfredo Olmedo, mientras tanto, parece atrapado en un personaje que ya no le da réditos, el del outsider rebelde que ahora se descubre domesticado por la rosca que tanto criticó. Su nombramiento como presidente de La Libertad Avanza en Salta, en lugar de fortalecerlo, lo expuso a una contradicción insalvable. Debe obedecer a un gobierno nacional que prefiere a su rival político, un callejón sin salida que lo obliga a tragar sapos con una sonrisa fingida.

Emilia Orozco, por su parte, navega las aguas turbulentas de una interna que no le deja margen de maniobra, atrapada entre su lealtad a Milei y las presiones locales. En ese escenario, Gustavo Sáenz se mueve con la soltura de quien sabe que tiene las cartas ganadoras.

Desde Nación, la ecuación es clara, necesitan gobernadores que garanticen gobernabilidad y votos en el Congreso, y Gustavo Sáenz ofrece ambas cosas sin pedir demasiado a cambio. Los libertarios locales, en cambio, no aportan nada sustancial, ni votos propios, ni capacidad de gestión, ni un liderazgo territorial consolidado.

Por eso la Casa Rosada prefiere invertir en Sáenz, un peronista pragmático que entiende el lenguaje del poder, antes que en Olmedo, un dirigente que no termina de encajar en el molde que exige la nueva política. La ironía es que quienes deberían ser los abanderados de Milei en la provincia se han convertido en espectadores de una alianza que los margina.

La encuesta que posicionó a Sáenz como el mejor representante de Milei en Salta no fue un dato aislado, sino la confirmación de una tendencia que se viene gestando desde hace meses. El gobernador ha sabido construir un relato de cercanía con la Casa Rosada sin perder su identidad local, una jugada maestra que descoloca a sus rivales.

Mientras tanto, la militancia libertaria salteña se pregunta para qué existe un partido si el verdadero poder se ejerce desde la gobernación peronista. La falta de respuestas claras profundiza el desconcierto y alimenta la sensación de que el espacio local es solo una cáscara vacía.

Lo más llamativo de este fenómeno es que Gustavo Sáenz no necesita afiliarse a La Libertad Avanza para ser tratado como un aliado preferencial, porque la política argentina se mueve por intereses, no por carnets. El gobernador lo entendió antes que nadie y se subió a un tren que otros miraron pasar con desconfianza.

Mientras Olmedo y Orozco discuten sobre cargos y egos, Sáenz negocia presupuesto y obras, una diferencia sustancial que explica por qué en Nación piensan más en él. La lección para los libertarios locales es dura, el poder no se declama, se ejerce, y el gobernador lo ejerce sin pedir permiso.

La conclusión inevitable es que la política salteña vive una etapa de reacomodamiento en la que los roles se han invertido, y los supuestos aliados nacionales son enemigos locales. Desde Nación, la mirada está puesta en Sáenz, no en Olmedo, y eso define el presente y condiciona el futuro.

Los libertarios locales deberán decidir si se integran a esa dinámica o si continúan peleando una batalla perdida contra un adversario que, por ahora, les gana por goleada. Mientras tanto, el gobernador sonríe, porque sabe que en la política, como en el fútbol, lo que importa es el resultado final.