(SALTA) Por Diego Nofal.- La amenaza de un nuevo recorte en el transporte metropolitano vuelve a instalarse con fuerza en Salta, y el fantasma de la suspensión nocturna recorre los barrios. A tres meses del conflicto que derivó en la reducción del servicio nocturno, los empresarios aseguran que la situación financiera volvió a un punto límite. Según plantearon los operadores, los compromisos asumidos en mayo para recomponer el sistema se fueron diluyendo con el paso de las semanas.
Actualmente, la deuda acumulada ya rondaría los 14.000 millones de pesos y con agosto próximo a vencer. El problema central, señalaron, es la falta de fondos para sostener el funcionamiento cotidiano de las unidades en las calles. SAETA reconoció que atraviesa una situación financiera crítica y aseguró que la deuda con las prestatarias es imposible de pagar.
El gerente general de la empresa estatal admitió que el sistema necesita alrededor de 20 mil millones de pesos mensuales para funcionar. Sin embargo, la recaudación por boletos apenas alcanza entre 6.000 y 6.500 millones, mientras que la Provincia aporta unos 10.500 millones. El resultado es un déficit mensual de 3.500 millones que hoy no tiene solución, y la palabra mágica parece ser «recortes» una vez más.
Pero ojo, no se trata de un paro, sino de una imposibilidad operativa, como si la falta de previsión fuera culpa del destino y no de una gestión deficiente. Durante agosto, las empresas vienen afrontando con recursos propios el costo del gasoil, y SAETA dejó de realizar incluso los anticipos semanales destinados a la compra de combustible. A esto se suma el atraso en el pago de los certificados correspondientes a los kilómetros efectivamente prestados.
Los empresarios indicaron que todavía se adeuda la totalidad del certificado de julio, mientras que recién se habría terminado de cancelar el correspondiente a junio. La demora se produce cuando agosto ya está próximo a finalizar, y la pregunta es si volveremos a vivir la misma novela de mayo. Parece que a algunos les gusta el suspenso y la incertidumbre, aunque los usuarios paguemos las consecuencias.
La falta de recursos ya comenzó a trasladarse al servicio con una primera reducción del 13 por ciento y otra disminución del 4 por ciento hace aproximadamente dos semanas. Ahora, además, se dispuso una reducción de las frecuencias los sábados, lo que complica aún más la movilidad de los salteños. El escenario guarda similitudes con el conflicto de mayo, cuando las empresas redujeron el horario nocturno ante la imposibilidad de afrontar los costos.
Aquella medida fue levantada después de que se alcanzara un acuerdo, pero los mecanismos financieros previstos nunca se cumplieron a cabalidad. Es decir, se firmaron papeles, se hicieron promesas y todo quedó en la nada, mientras los colectivos siguen siendo el problema de siempre. La pregunta que deberíamos hacernos es si realmente aprendimos algo de la crisis anterior o si estamos condenados a repetir los mismos errores.
El Estado promete, las empresas amenazan, los usuarios sufren y el círculo se cierra con un final predecible. El gobernador Gustavo Sáenz cargó contra las empresas por la suspensión del servicio nocturno y calificó la medida como una decisión unilateral que perjudicó a quienes dependen del transporte público. Pero la realidad es que la falta de una política de transporte clara y sostenible nos tiene a todos dando vueltas en círculo.