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Salta

Franco Lastra: «En Salta cuesta un 40% más producir»

El diputado provincial atribuye la pérdida de competitividad a la presión tributaria, aunque el análisis también contempla problemas de infraestructura, energía y logística.

Franco Lastra

(SALTA) Por Diego Nofal.- El diputado provincial Franco Lastra ha lanzado una afirmación que ha resonado en los pasillos de la Cámara y en las mesas de los empresarios, producir en Salta cuesta un 40% más que en otras provincias. El legislador de La Libertad Avanza, con la soltura de quien repite un dato como si fuera una verdad revelada, sostiene que esta desventaja competitiva es la principal causa del cierre de pymes y de la fuga de inversiones hacia otras jurisdicciones más amigables con el sector productivo.

Según Lastra, la presión tributaria es el monstruo que devora la rentabilidad de los empresarios salteños, aunque el cálculo exacto de ese 40% parece más una estimación gruesa que una cifra contrastada con estudios serios y verificables.

El diputado argumenta que el Impuesto a los Ingresos Brutos se paga hasta cinco veces en una misma cadena de valor, lo que encarece el producto final en un 20% adicional y termina trasladándose al bolsillo del consumidor final.

Este fenómeno, conocido como efecto cascada, no es exclusivo de Salta pero adquiere dimensiones particularmente onerosas en una provincia donde la estructura productiva depende en gran medida de sectores primarios y manufactureros de bajo valor agregado. Lastra olvida mencionar que otras provincias con menor presión impositiva también enfrentan problemas de competitividad, lo que sugiere que el problema es más complejo que una simple cuestión de alícuotas y tasas municipales.

Franco Lastra, en su cruzada contra los impuestos, parece ignorar que el costo de producción incluye variables como la logística, la energía y la mano de obra, factores que en Salta tienen particularidades que no siempre dependen de la decisión de un funcionario público.

La falta de infraestructura adecuada, los altos costos energéticos y la distancia de los principales centros de consumo son problemas estructurales que ningún recorte impositivo podrá resolver por sí solo, aunque suenen bien en un discurso de campaña. El diputado libertario, sin embargo, prefiere centrar su artillería en el fisco, un enemigo fácil de identificar y que rara vez ofrece resistencia a las críticas políticas del momento.

Los productores tabacaleros, por ejemplo, han denunciado que los costos de producción prácticamente se triplicaron mientras el precio internacional del tabaco aumentó apenas un 40% en dólares, una situación que excede largamente la discusión sobre la presión tributaria provincial.

La crisis del sector agropecuario, golpeado por la sequía y la caída de los precios internacionales, evidencia que los problemas del campo salteño no se resuelven únicamente con una baja de impuestos, por más que los legisladores insistan en simplificar la realidad. Lastra, sin embargo, insiste en que su receta es la única válida y que cualquier otra aproximación al problema es simplemente una excusa para mantener el statu quo que beneficia a los políticos de siempre.

El dato del 40% de costo adicional ha sido mencionado por otros legisladores y dirigentes empresariales, lo que sugiere que hay un consenso sobre la existencia de un problema de competitividad en la provincia de Salta. Sin embargo, la solución propuesta por Lastra, centrada exclusivamente en la reducción de impuestos, parece desconocer que la competitividad también se construye con inversión en educación, salud e infraestructura, áreas que requieren financiamiento estatal para funcionar adecuadamente.

La paradoja del discurso libertario es que, mientras clama por menos Estado, exige al mismo Estado que resuelva los problemas que, según ellos, el propio Estado crea con su intervención en la economía.

Franco Lastra, en su afán por simplificar el debate, corre el riesgo de convertir un problema complejo en una consigna vacía que no aporta soluciones reales a los productores y empresarios que enfrentan el día a día de una economía volátil y cambiante. La afirmación de que en Salta cuesta un 40% más producir puede ser un buen punto de partida para un diagnóstico serio, pero el verdadero desafío está en diseñar políticas públicas que aborden las múltiples causas de esa desventaja competitiva.

Mientras tanto, los productores salteños seguirán esperando que sus representantes en la Cámara de Diputados dejen de lado las declaraciones rimbombantes y se pongan a trabajar en soluciones concretas que mejoren su competitividad y su calidad de vida.