(SALTA) Por Diego Nofal.- El Intendente Emiliano Durand parece tener debilidad por los vehículos de alta gama, porque según reveló la concejal Erica Castro, la Municipalidad de Salta adquirió dos unidades tope de línea sin que hasta ahora se sepa con claridad cuál es su función específica dentro del organigrama municipal.
La concejal libertaria, en su intervención durante la sesión del Concejo Deliberante, cuestionó abiertamente la compra de estos automóviles de lujo mientras el jefe comunal sale a pedir ayuda a los legisladores nacionales para financiar obras hídricas que la ciudad necesita con urgencia.
Castro planteó una pregunta que muchos salteños se hacen en voz baja pero que nadie se atreve a formular en público, qué necesidad real tiene un municipio de vehículos tope de gama cuando los servicios básicos están permanentemente en falta para los vecinos de los barrios más humildes.
La respuesta oficial, si es que existe, se pierde en el laberinto de las justificaciones técnicas que siempre aparecen cuando se trata de gastar dinero en cosas que ningún ciudadano de a pie considera prioritarias para su vida diaria.
Mientras el Intendente Emiliano Durand se queja de la falta de fondos nacionales y hace un llamamiento desesperado a los diputados de la Libertad Avanza, en el garage municipal se acumulan vehículos que bien podrían financiar varias cuadras de asfalto o sistemas de desagüe para los barrios inundables.
La concejal Erica Castro, con esa ironía fina que la caracteriza, recordó que ella entiende la compra de motos para tránsito o de maquinaria para limpieza, pero que jamás podrá comprender por qué un intendente necesita moverse en una camioneta con asientos de cuero para gobernar una ciudad.
Uno podría pensar que estos vehículos tope de gama son para misiones diplomáticas de alto riesgo, pero no, son simplemente para uso cotidiano de funcionarios que parecen no entender que la plata de los impuestos no crece en los árboles ni mucho menos en los concesionarios de autos importados.
La gestión de Emiliano Durand tiene una oportunidad dorada para demostrar que la transparencia no es solo una palabra bonita para los discursos, y sería un buen comienzo explicar detalladamente para qué sirven esos dos vehículos tope de gama que nadie sabe cómo ni por qué se compraron.