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Opinión

Fuerzas del cielo, cotillón de entrecasa

Como no podía ser de otra manera, la batuta del encuentro la llevó la senadora María Emilia Orozco, erigida en anfitriona absoluta y dueña exclusiva del micrófono

La Libertad Avanza

(SALTA).- El Hotel Alejandro I —el rincón más aristocrático de la capital salteña— fue el escenario elegido este fin de semana para el Congreso Nacional de la Juventud de La Libertad Avanza. Un conclave a puertas cerradas, herméticamente blindado a la prensa libre, donde la autoproclamada vanguardia del cambio se reunió para debatir los destinos de la Patria, o al menos para ensayar el encuadre perfecto para Instagram.

Como no podía ser de otra manera, la batuta del encuentro la llevó la senadora María Emilia Orozco, erigida en anfitriona absoluta y dueña exclusiva del micrófono. A su alrededor, el marco conceptual de la cita estuvo compuesto por un despliegue de alta doctrina ideológica: gigantografías a escala real del Presidente, banderas violetas, un mar de celulares encendidos y cantos que oscilaban entre la tribuna futbolera y el viaje de egresados de quinto año.

La grilla de «intelectuales» y referentes de peso nacional no defraudó las expectativas. El plafón doctrinal estuvo encabezado por figuras del calibre de las diputadas Virginia Gallardo y Karen Reichardt, escoltadas por la influyente dupla de creadores de contenido Iñaki Gutiérrez y Eugenia Rolón. Fueron cuatro pilares de la política profunda que le dieron al cónclave el volumen académico que la coyuntura exige.

El momento culminante de la formación teórica llegó con el saludo grupal grabado en formato video selfie: «¡Hola, presidente Milei!», exclamaron a coro los militantes, logrando el ansiado trofeo de la jornada: el «Me Gusta» del mandatario en X desde la Quinta de Olivos.

Más tarde, la mismísima Gallardo regató a la audiencia una honda reflexión sobre la libertad individual: «Hoy pensaba que el futuro lo vienen a escribir ellos, que son el presente (…) Yo soy partidaria de que la vida es una sola y que haciendo las cosas bien se puede salir adelante». Semejante tratado de ciencia política tuvo su merecido broche de oro musical cuando la propia Gallardo se despachó a dúo con la senadora Orozco cantando “Sobredosis de chamamé” sobre el escenario.

Aprovechando los recientes anuncios presidenciales sobre el Atlántico Sur, la dirigencia decidió desempolvar la causa Malvinas. Con una bandera extendida al estilo de la Selección Argentina y la senadora Orozco posando con temple de prócer de la Independencia, los presentes entonaron la Marcha de Malvinas para, inmediatamente después, derivar en un pogo fervoroso al ritmo de «El que no salta es un inglés» y una seguidilla de cánticos mundialistas fuera de temporada.

Entre selfie y selfie, se bajó la línea estratégica de cara al futuro. «A meterle quinta a fondo, Milei 2027. Se gana en territorio y redes sociales», los arengó Orozco. La respuesta conceptual de la militancia no tardó en llegar, resumida a la perfección por una joven asistente que sintetizó la valentía de los nuevos tiempos: «Militar en la calle corres el riesgo de dónde te vayas a meter; en cambio en redes es más neutral, nada te va a pasar». Miedo a la intemperie, pero convicción digital intacta.

El cierre de la jornada devolvió la postal más austera y representativa de la renovación política. Mientras los jóvenes hacían fila para sacarse una foto con Reichardt, Gallardo y Orozco, al costado del escenario contemplaban la escena los «jóvenes emergentes» del liberalismo salteño: Alfredo Olmedo, Carlos Zapata y Julio Moreno, tutelando con mirada paternal el recambio generacional.

Mucho cotillón, mucho marco dantesco y bastante show de entrecasa para una provincia y un país atravesados por urgencias sociales bastante más complejas que la búsqueda del mejor filtro para TikTok.

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