(SALTA).-( Por Diego Nofal)- La interna de La Libertad Avanza Salta se calienta de manera notable cuando Laura Jorge toma partido abiertamente por los referentes Olmedo y Orozco en un gesto que pocos esperaban y que muchos interpretan como una declaración de guerra. La concejal Jorge, con esa sutileza que la caracteriza, respalda a los líderes locales mientras el resto del bloque observa con cara de poker el ajedrez político que se avecina y que promete mover todas las fichas del tablero.
Claro que la lealtad en este espacio político parece un concepto tan volátil como el precio del dólar, y Jorge lo sabe mejor que nadie al elegir su bando con calculadora en mano y la mirada puesta en elecciones. Mientras tanto, los afiliados de a pie se preguntan si esta supuesta interna política es una genuina disputa ideológica o simplemente un show mediático para cosechar votos en 2026 y mejorar su posicionamiento personal.
La decisión de Laura Jorge no es casualidad sino una jugada maestra para posicionarse en la carrera electoral que ya se cocina a fuego lento y con mucho humo, aunque algunos crean que es siempre improvisación. Sin duda, los grandes líderes nacionales de La Libertad Avanza deben estar frotándose las manos ante este espectáculo salteño que promete más capítulos que una telenovela de la tarde y más drama que una ópera.
Por supuesto, los militantes más ingenuos todavía creen que aquí hay principios firmes, cuando en realidad lo que sobra son ambiciones personales y escasea la honestidad intelectual y ética en cada movimiento. La estrategia de Jorge resulta tan predecible como efectiva, porque en política provincial nadie regala nada y menos aún un respaldo público sin un beneficio tangible y concreto para su futuro.
La dirigencia nacional mira con desconfianza este movimiento interno, porque saben que cualquier división en Salta puede afectar la imagen del partido de cara al electorado más crítico y exigente. Al final, la apuesta de Jorge por Olmedo y Orozco no es más que un reflejo de la política criolla, donde el pragmatismo siempre termina devorando a las supuestas convicciones ideológicas de sus propios protagonistas políticos.