(SALTA).- ( Por Diego Nofal) El diputado provincial Luis Mendaña nos ha obsequiado una joya de la oratoria política, esa que combina la autopercepción de autoridad moral con la realidad de haber extendido por una década el vínculo con el agente financiero que hoy, según él, debe ser más compasivo. “Lo que pasa es que estamos entrando en una situación límite en donde obviamente, como yo entiendo, vamos a tener que salir de la zona de confort y empezar a tener conversaciones diferentes con las entidades financieras”, declaró el legislador, mientras la provincia se apresta a vivir otro capítulo de su eterna danza con el endeudamiento.
Resulta casi conmovedor escuchar al diputado Mendaña invocar la necesidad de salir de la zona de confort, justo cuando su partido acaba de regalarle al Banco Macro una concesión que se extiende hasta el próximo decenio sin mayores sobresaltos. La coherencia, ese bien tan escaso en la política vernácula, parece haber tomado vacaciones en la cabeza del diputado por La Caldera, quien con una seriedad digna de mejor causa asegura tener la autoridad moral para pedirle favores al banco.
“Nosotros acabamos de extender 10 años más la concesión al Banco Macro, con lo cual tenemos la autoridad moral de pedirle al agente financiero de la provincia, aquel que maneja casi 4 billones de pesos que es el presupuesto de la provincia de Salta que tenga una suerte de diferencia crediticia”, sostuvo Mendaña, sin que se le moviera un solo pelo al pronunciar semejante contradicción. La lógica del legislador es tan impecable como la de un jugador que pierde todas sus fichas en el casino y luego le pide al dueño que le preste más dinero porque ya le ha demostrado ser un cliente fiel y generoso a lo largo de los años.
El proyecto original, según el diputado, apuntaba a aliviar el sobreendeudamiento de los argentinos, pero en el camino se encontró con la necesidad de ser creativos y empezar a tener otra relación con el agente financiero, esa misma entidad a la que la provincia le acaba de renovar la confianza por diez años más. “En el caso del proyecto, de lo que salió como dictamen, el pedido va a los legisladores nacionales que apoyen cualquier medida que tenga que ver con la solución al sobreendeudamiento, en este caso, de los argentinos”, explicó Mendaña, mientras los salteños se preguntan si la solución pasa por pedirle al banco que sea más benévolo con quienes ya no pueden pagar sus deudas. La ironía es tan palpable que podría cortarse con un cuchillo, especialmente cuando el legislador menciona que los empleados públicos son clientes cautivos del Banco Macro, una condición que no parece haber sido un problema hasta que la situación se volvió insostenible para las finanzas familiares.
Mendaña propone que el banco tenga una suerte de diferencia crediticia que permita a los salteños endeudados, sean de la administración pública o independientes, poder seguir subsistiendo y no tener que seguir endeudándose para pagar deuda, una fórmula que suena tan sencilla como pedirle al lobo que cuide de las ovejas. La declaración del diputado revela una faceta tragicómica de la política provincial, donde se otorgan concesiones millonarias con una mano mientras con la otra se suplica por un trato preferencial para los ciudadanos que, casualmente, son los mismos que terminan pagando esas concesiones con sus impuestos y sus tarifas bancarias. El legislador parece olvidar que la autoridad moral no se construye regalando contratos a largo plazo, sino ejerciendo un control riguroso sobre las entidades que manejan los recursos públicos, algo que en Salta parece ser una asignatura pendiente desde hace décadas.
Mientras el diputado Mendaña se esfuerza por convencernos de que su pedido al Banco Macro es un acto de valentía y creatividad, los salteños comunes siguen atrapados en la madeja de un sistema financiero que, gracias a concesiones como esta, tiene asegurado su negocio por los próximos diez años sin importar cuánto sufran los bolsillos de la gente. La situación límite que menciona el legislador no parece ser para el banco, que tiene su contrato asegurado, sino para los ciudadanos que ven cómo sus representantes políticos negocian con su futuro sin el menor rubor. Quizás lo más creativo, señor diputado, no sea pedirle clemencia al banco al que usted mismo le regaló una década de exclusividad, sino empezar a pensar en políticas que realmente saquen a los salteños de su zona de confort, esa que los mantiene atados a un sistema que los exprime sin piedad mientras sus representantes aplauden de pie.