(SALTA).-( Por Diego Nofal)- Federico Mangione volvió a apuntar contra el PAMI y esta vez eligió una frase que no deja lugar a dudas, hay dueños millonarios de clínicas pobres gracias al PAMI. La declaración, pronunciada con la crudeza de quien conoce el paño por haber estado 32 años en el oficio, resume el hartazgo de un funcionario que ve cómo el sistema de salud de los jubilados se desangra mientras algunos pocos se llenan los bolsillos. Federico Mangione: “Hay dueños millonarios de clínicas pobres, gracias al PAMI”
El titular de la cartera sanitaria provincial no habla desde la tribuna ni desde el cómodo púlpito de la teoría, habla desde la experiencia de haber recorrido pasillos, guardias y quirófanos donde la realidad desmiente cualquier discurso oficial. Mangione sostiene que el sistema que utiliza el PAMI está obsoleto y que el aporte cápita a estas obras sociales no funciona, una sentencia que debería hacer temblar a más de un directivo nacional.
La historia que desató la furia del ministro es la de un jubilado que terminó postrado en una camilla a la intemperie en pleno centro de Salta, a la espera de que el PAMI le garantizara una cama que nunca llegó. Ese episodio, viralizado en programas radiales y replicado en redes sociales, encendió una mecha que llevaba años acumulando pólvora en silencio.
Mangione reconoció que el video lo conmovió profundamente y que no se trata de un caso aislado sino del reflejo de un sistema que hace agua por todos lados. La postal del abuelo abandonado en una camilla, expuesto a las bajas temperaturas y a la indiferencia de un sistema que debería protegerlo, es el símbolo más nítido de una derrota colectiva. El funcionario no dudó en calificar la situación como vergonzosa y en señalar que los únicos perjudicados son los adultos mayores.
El mecanismo perverso que denuncia el ministro es tan simple como rentable para algunos, se pagan abultadas sumas mensuales por cápita para que las clínicas privadas atiendan, deriven o provean camas. Sin embargo, a partir del día 15 de cada mes comienzan a desaparecer las camas en el PAMI, según la denuncia textual del propio Mangione. La acusación sugiere que las prestadoras prefieren derivar pacientes al sistema público para no gastar, porque si el paciente es de PAMI demanda plata y conviene mandarlo a la salud pública.
Esa lógica empresarial, desprovista de cualquier consideración humanitaria, explica por qué los hospitales provinciales terminan absorbiendo a los jubilados que las clínicas rechazan. El ministro lo dijo sin anestesia, falta control en las clínicas porque cuando llevan a un paciente crónico te dicen que no tienen cama teniendo lugares libres.
La respuesta del gobierno provincial no se limita a las declaraciones radiales ni a los gestos de indignación mediática, ya hay un plan concreto para avanzar contra las prestadoras que incumplen. Mangione anticipó que un grupo de abogados comenzará a cobrarles a las obras sociales que miran para otro lado y que inclusive embargarán cuentas para recuperar lo que se nos está yendo.
La frase suena a advertencia seria y no a bravata de funcionario enojado, porque el pasivo que acumulan las obras sociales con las arcas provinciales es una carga que el sistema público no puede seguir sosteniendo. La decisión de ir a la Justicia es una señal de que la paciencia se agotó y de que desde Salta no piensan seguir financiando los caprichos de un modelo que prioriza la ganancia sobre la atención.
El proyecto que impulsa el ministro contempla la creación de un ente contralor de las clínicas y privados para que se termine el negocio de cómo atender a los pacientes del PAMI. La idea es que el Ministerio de Salud provincial controle las instituciones que dan las atenciones a nuestros queridos viejos, una pretensión que choca con los intereses de quienes se beneficiaron durante décadas con la falta de fiscalización. Mangione ya mantuvo reuniones con autoridades del PAMI y asegura que están interesados con mi proyecto para hacer una sociedad público privado. La pelota está en la cancha de la Nación, pero el funcionario sabe que mientras se discuten las formalidades los abuelos siguen esperando. La propuesta no es menor porque toca la médula de un sistema donde la opacidad es la regla y la transparencia una excepción.
El maltrato sistemático que denuncia el ministro no es una invención de laboratorio ni una exageración de campaña, es la crónica diaria de miles de jubilados que recorren consultorios y oficinas buscando una respuesta que nunca llega. Mangione relató que en la Plaza 9 de Julio un montón de adultos mayores lo abordaron con mucho cariño para contarle sus problemas y pedirle que los ayuden a operarse de la rodilla o de la cadera. Esos pedidos, formulados con la mansedumbre de quien ya no espera demasiado pero todavía se ilusiona, son el recordatorio más cruel de que el sistema les falló. El funcionario lo dijo con la voz quebrada, haber tantos años de trabajo para que esto pase, sinceramente, yo creo que hay que cambiar el sistema.
La advertencia final del ministro es tan dura como necesaria, yo le pegaría una patada y expulsaría del sistema al que maltrató a la familia porque hay que tener empatía con la gente. La frase, pronunciada ante los micrófonos de una radio local, no es una simple expresión de deseo sino una hoja de ruta para quienes administran la salud de los mayores. Mangione sabe que su enojo no cambiará por sí solo la estructura de un sistema que hace agua por todos lados, pero también sabe que callarse sería una forma de complicidad. Mientras el PAMI siga tratando a los jubilados como un número en una planilla de cálculo, habrá funcionarios como él dispuestos a poner el cuerpo y la voz para denunciar la vergüenza. La pelea recién comienza y los abuelos de Salta esperan que esta vez las palabras se conviertan en hechos concretos