(SALTA).- (Por Diego Nofal)- Las mentiras de Cristina Fiore en su intento por justificar las escuelas fantasmas quedaron al descubierto cuando la propia realidad se encargó de desmentirla con documentos oficiales. La ministra de Educación negó la existencia de colegios fantasmas pese a que su propio secretario Alejandro Williams Becker ya había reconocido que existen alrededor de 60 instituciones en idénticas condiciones al núcleo 7160. Dijo que todos los docentes fueron reasignados, una explicación tan creativa como decir que llueve para arriba cuando el agua golpea el techo.
Fiore no explicó por qué todos los nombramientos figuran con fecha de este año si supuestamente el colegio no tiene alumnos desde 2024. Tampoco aclaró por qué insistir con nombrarlos en un colegio fantasma en lugar de asignarlos directamente a las escuelas donde supuestamente prestan servicios actualmente. La lógica más elemental indica que si alguien trabaja en un lugar, se lo nombra en ese lugar y no en una institución que solo existe en los decretos provinciales. La ministra parece confiar en que los salteños no se detienen a pensar en estas contradicciones tan evidentes.
La funcionaria tampoco explicó por qué tiene nombradas 20 maestras de Religión si ya no se dicta esa materia en las escuelas públicas salteñas desde 2017 por decisión de la Corte Suprema. Si fueron reasignadas, a dónde fueron y qué funciones cumplen esas docentes en un sistema educativo que no contempla su especialidad. Tampoco aclaró por qué hay 40 maestras jardineras en la nómina y en qué escuelas prestan servicios reales con alumnos reales. Las preguntas se acumulan mientras las respuestas brillan por su ausencia absoluta.
Fiore no mencionó por qué hay personas que no tienen domicilio en la provincia como el caso de un tal Walter Wayar que tiene residencia fijada en la ciudad autónoma de Buenos Aires. Tampoco aclaró dónde presta servicios el hijo del director de Recursos Humanos del Ministerio de Educación que aparece en la nómina de docentes del colegio fantasma 7160. El nepotismo administrativo parece ser una práctica tan naturalizada que nadie se molesta en disimularlo. La ministra prefiere atacar a la denunciante diciendo que fue cesanteada después de acumular 150 días sin dar clases.
La estrategia de defensa de Fiore consiste en desacreditar a quien presenta las pruebas en lugar de explicar las pruebas mismas. Dijo que parece que los años políticos se adelantaron, una frase que suena más a excusa de dirigente acorralado que a argumento de funcionaria con la conciencia tranquila. La denunciante Celia Alancay aportó documentación oficial que compromete seriamente a la cúpula ministerial y la respuesta fue atacarla personalmente. Eso no es defensa, es desesperación disfrazada de gestión.
La estrategia de negación de Cristina Fiore se derrumbó porque las escuelas fantasmas son un escándalo que salpica a toda la cúpula del Ministerio de Educación salteño. Ya no alcanza con explicaciones huecas ni con funcionarios que niegan la realidad cuando los documentos los desmienten sin piedad. Alguna cabeza tiene que rodar en el Ministerio porque los salteños merecen saber por qué hay 300 docentes nombrados en un colegio sin alumnos y con qué autoridad moral pretenden seguir gestionando la educación provincial. La paciencia de los contribuyentes tiene un límite y ese límite se llama 20 preguntas sin responder.