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Opinión

Salta otra vez a contramano del mundo: Emiliano Durand elimina las bicisendas

La medida alcanza a las sendas de avenida Belgrano y se suma al retiro previo de la bicisenda de calle Alvarado.

Emiliano Durand

(SALTA).- (Por Diego Nofal)- La decisión del intendente Emiliano Durand de eliminar las bicisendas en Salta representa un retroceso para la movilidad urbana y el transporte no contaminante. Según Matías Assennato, secretario de Tránsito de la Municipalidad, los bicicleteros de avenida Belgrano y las bicisendas serán reubicados como si una senda completa de varios kilómetros pudiera moverse de lugar. En una ciudad que pretende llamarse moderna y turística, los espacios reservados para quienes usan métodos de transporte alternativos son eliminados sin contemplaciones.

Resulta curioso que durante una entrevista el periodista Jorge Calvo haya afirmado que los automovilistas eran mucho más importantes porque a diferencia de los ciclistas sí pagaban impuestos. Este pensamiento falaz y retrógrado ignora que los ciclistas también son contribuyentes, consumidores y ciudadanos con los mismos derechos que cualquier conductor de un vehículo a motor. La falacia de medir la importancia ciudadana por la carga impositiva es tan antigua como absurda.

Emiliano Durand ya hizo esto mismo durante la primera parte de su gobierno cuando prometió espacios exclusivos para bicicletas y terminó sacando la bicisenda de calle Alvarado. La reemplazó por estacionamiento pago lo que complicó muchísimo más el tránsito en esa arteria céntrica, un resultado que cualquier estudio serio de movilidad habría anticipado. Sin embargo, la evidencia parece ser un detalle menor para una gestión que prioriza la recaudación sobre la planificación urbana.

La eliminación de estas sendas no solo afecta a los ciclistas que a diario arriesgan sus vidas mezclándose con el tráfico vehicular pesado y agresivo. También golpea directamente la imagen de una ciudad que se promociona como destino turístico ante visitantes que valoran cada vez más la sustentabilidad y la accesibilidad. Salta pierde atractivo mientras otras ciudades del noroeste avanzan con estrategias claras de movilidad sostenible.

Los argumentos oficiales sobre mejorar la circulación vehicular suenan huecos cuando se observa que el verdadero problema del tránsito salteño es la falta de transporte público eficiente y el exceso de vehículos particulares. Reemplazar una bicisenda por más carriles para autos es como intentar apagar un incendio con nafta, una solución que agrava el problema que dice resolver. La lógica del cemento y el asfalto pertenece al siglo pasado.

Mientras el mundo avanza hacia modelos de movilidad donde peatones, ciclistas y transporte público conviven en armonía, Salta elige mirar por el retrovisor. Ciudades europeas y latinoamericanas han demostrado que reducir el espacio para autos no genera caos sino que fomenta formas más sanas y económicas de desplazamiento. Aquí se decidió tomar el camino opuesto con una sonrisa de modernidad mal disimulada.

La gestión de Durand acumula así un nuevo capítulo en su historial de decisiones contradictorias, donde las promesas de campaña se disuelven ante la primera oportunidad de recaudar. Los salteños que pedalean, caminan o simplemente respiran el aire contaminado del centro sabrán recordarlo cuando llegue el momento de evaluar esta administración. La coherencia sigue siendo un artículo de lujo en la política local.