(SALTA).-(Por Matilde Serra).-Mario Ernesto Peña dijo que iba a contar lo que pensaba. Se cuidó, incluso, de aclarar que no estaba armando ninguna operación. Pero su reflexión dejó una imagen difícil de pasar por alto: la de Gustavo Sáenz sentado en su casa, sin un cargo al cual aspirar si no consigue competir nuevamente por la gobernación. A un político en ejercicio no suelen describirlo así quienes todavía esperan algo de él.
Peña recordó que dos años atrás había sugerido una salida distinta. Sáenz podía renunciar, dejar a Antonio Marocco al frente del gobierno y presentarse como candidato a senador. En aquel momento, contó, desde el entorno del gobernador lo trataron de loco o sospecharon que estaba lanzando una idea por encargo. Ahora aquella propuesta le sirve para plantear que Sáenz pudo haber asegurado su continuidad y no lo hizo.
El operador mediático habla de dos obstáculos posibles para 2027: que la gente no vote al gobernador o que la Constitución le impida presentarse. Son cuestiones muy diferentes y ninguna está resuelta. Peña, sin embargo, llegó rápidamente a su conclusión: si no puede volver a ser gobernador, Sáenz tendría que quedarse en su casa. En esa frase se escucha algo más que un pronóstico electoral. Se escucha a alguien que ya empezó a pensar la política salteña sin él.
También llama la atención que Peña dé por agotadas las alternativas de un hombre al que acaba de reconocerle una larga trayectoria. Sáenz fue concejal, presidió el Concejo Deliberante, fue intendente y llegó a la gobernación. ¿Por qué toda esa experiencia habría de perder valor si no figura en la próxima boleta provincial? La respuesta parece tener menos que ver con el futuro real de Sáenz que con la urgencia de algunos por discutir quién ocupará su lugar.
Ahí aparece Emiliano Durand. Peña se muestra cada vez más cerca del intendente y sus palabras pueden leerse a la luz de ese acercamiento. ¿Está analizando con distancia el porvenir del gobernador o ya eligió desde qué vereda quiere contar la próxima elección? Cuando un operador mediático toma partido, sus pronósticos empiezan a sonar de otra manera.
A Sáenz todavía le queda poder, tiempo de gestión y una disputa abierta sobre su eventual candidatura. Durand, por su parte, no anunció que vaya a competir por la gobernación. Peña se adelantó a los dos. En vez de preguntarse qué hará el gobernador, comenzó a explicar por qué, a su juicio, podría quedarse sin nada que hacer. Así suele empezar la pérdida de poder: con personas cercanas a la conversación política que dejan de esperar decisiones y empiezan a repartir futuros.
Peña podrá decir que solo expresó una opinión. Pero sus palabras encajan con una idea que se repite cada vez más en la política salteña: que Sáenz no podrá presentarse en 2027 y que Durand quedará como la única opción. Al intendente parece urgirle que esa posibilidad se dé por cierta antes de que alguien la resuelva. Peña, por lo pronto, ya imagina al gobernador en su casa. En Salta todavía falta mucho para votar, pero algunos tienen apuro por repartir las llaves del despacho.